El IMEY consiste (En modo Asamblea 7)

Muchos quedaron con un sabor maluco cuando escribí, meses antes de la asamblea decimotercera, que el IMEY no existe.  Muchos se pusieron en la osadía prometeica de Tomas de Aquino, y así como el angélico intentó probar la existencia de Dios, cosa que poco favor le presta a Dios, así también algunos se propusieron probarme que el IMEY sí existe.  Y entonces algunos decían que expresiones así no ayudaban al diálogo, cosa que yo no creo, lo que no ayuda al diálogo es descalificar de una lo que el otro dice sin detenerse a pensar por qué lo dice.  Algún otro reaccionó usando prolijamente las mayúsculas cada vez que escribía la palabra “IMEY” y la palabra “existe”, una estrategia bien curiosa de argumentación. Otros refutando la propuesta afirmaban que el IMEY sí existía y que su persona era jurídica; yo, sinceramente, no quiero comprometerme de por vida con una persona jurídica.  No es humano casarse con personas jurídicas.

Después de la asamblea doy un paso a una afirmación positiva.  Sigo pensando que el IMEY no existe, no hay algo que yo llame IMEY y venga… yo pienso, en cambio, que el IMEY consiste… El IMEY consiste, consiste en el sí de cada uno de los que se ponen de acuerdo para darse con celo ardiente hasta el sacrificio a la misión entre los pobres, según el carisma de Miguel Ángel Builes.  Considero que esta diferencia no es un mero artilugio del lenguaje y que tiene consecuencias en la vida práctica.  En nuestras sesiones, cuando discutíamos, me daba cuenta de cómo esto que llamamos IMEY se diluye fácilmente y queda en la condición de viento atrapado con la mano cuando decimos no a la misión y empezamos a explotarla en nuestro favor.

Basta pensar en nuestra economía, la general y la de algunas regiones, hay casos muy feos en que el IMEY se ha hecho humo en manos de los que administran los bienes para la misión y los pobres.  Hermanos administradores que sin celo por la misión y los pobres empiezan a disponer del patrimonio y a satisfacer sus ambiciones.  La corrupción quema las velas de la barca que nos ha de pasar a la otra orilla y nos deja a la deriva.  El IMEY consiste en el sí de los que administran.

Basta pensar en algunas misiones paralizadas porque el líder atranca todo y no deja fluir el instituto y sus intereses en su lugar, líderes llenos de sí que piensan que todo tiene que contar con su omnipresencia, llenos de críticas hacia todo lo que ellos no llevan adelante y vacíos de ganas para implementar las decisiones de Instituto, llenos de miedo y que no dejan arriesgar, en la ley de la inercia y acostumbrados a lo viejo sin lugar al presente, anclados en una misionología de Cristiandad, más con la pretensión de conquistar el mundo que de servirlo.  Líderes con deficiencia de Espíritu Santo, el Espíritu Santo que es como el viento que infla las velas y empuja la barca para que alcance la otra orilla.  El IMEY consiste en el sí de los que lideran.

Basta pensar en algunos misioneros que ilusionados con la existencia del IMEY esperan todo del instituto, incapaces de tomar iniciativas, de inventar lo nuevo, de solucionar los problemas, de aventarse al riesgo.  Misioneros con disponibilidad cero, que ya no se dejan nombrar, que ya no quieren salir, que no quieren aventurarse en una nueva cultura, otra cultura, otra causa social. Misioneros con cordón umbilical sin cortar o vuelto a pegar en vientres arrendados a la comodidad, a la pereza eclesial, al sinsentido existencial.  Estos misioneros reducen el instituto a la mínima expresión, más grandes los miedos, más nada el IMEY.  Estos misioneros no tienen fuerza para remar la barca que nos pasa a la otra orilla.  El IMEY consiste en el sí de todos, no sólo de los que administran y ejercen la autoridad, sino cada uno de los que ha decido darse.

Basta pensar en nuestros abusos de poder, de dinero, de conciencia, de sexo, de lo que sea.  La crisis de los abusos en la Iglesia, lo constatamos con tristeza en la asamblea, es también crisis el IMEY. Los abusos dejan la barca rota y a merced de la tempestad y de las aguas.  Es preciso tomar decisiones para no sucumbir. Necesitamos conversión, reparar la barca, en esas el IMEY se ve renovado cada mañana y cada tarde con un sí que, aunque vulnerable, puede dar alegría a muchos pobres, y que por estos pobres vale renovarlo.  El IMEY consiste en el sí de cada uno de nosotros a la metanoia que nos pide el mundo hoy.

Creo en el IMEY cuando renovamos nuestro sí, creo que en Dios que nos dice sí siempre, pase lo que haya pasado, y que nos da fuerza para un nuevo sí de cada día.  Un IMEY nunca hecho, como Dios que no se repite.   Creo en el IMEY como un milagro continuo que se produce cuando escuchamos a los pobres, cuando nos decidimos por la buena noticia, cuando damos la vida.  No existe, consiste.  Y no sólo consiste, insiste.  Nos insiste en los pobres que claman por vida, dignidad, inclusión, salud, alegría.   Pido a Dios poder darle consistencia al IMEY y que me dé un sí para cada momento. Este IMEY es frágil, consiste en nuestro sí.

Jairo Alberto Franco mxy

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *