El ser y el hacer de la misión

 

San Juan Pablo II nos dice: “Se es misionero ante todo por lo que se es, en cuanto Iglesia que vive profundamente la unidad en el amor, antes de serlo por lo que se dice o se hace[1]”. Esta primacía del ser tanto personal como eclesial debe convertirse en un estilo de vida que se nutre del evangelio, en otras palabras, de una espiritualidad propiamente misionera.

La ESPIRITUALIDAD de un misionero es algo que debe estar dentro de él, es ese fuego, esa motivación personal y fraterna, pero su trabajo, depende de muchos factores los cuales, deben ser estudiados, reflexionados y discernidos personal y comunitariamente para dar razón de su esperanza a todos los actores involucrados; primero a sí mismo, luego, a la comunidad con quien evangeliza y  a quien evangeliza, teniendo en cuenta el contexto local y regional de la zona de trabajo el cual, debe ser complementado de acuerdo a las particularidades socio culturales de los diversos grupos humanos en los cuales se va a desempeñar como misionero.

EL ANUNCIAR SIN ANUNCIAR. Este se da a través del testimonio de vida espiritual del misionero, en este caso él “No puede dar testimonio de Cristo sin Reflejar su Imagen [en su interior], la cual se hace viva en nosotros por la gracia y por obra del Espíritu Santo”[2]. En este sentido, lo primero de lo cual debe, estar consciente, es que Cristo hace parte de su ser, vive dentro de él, por lo tanto, él, debe buscar vivir según las exigencias del Evangelio de tal forma que “las mismas actitudes que fueron vistas en Cristo sean vistas en él” (Filip 2, 5).

Por tanto, la espiritualidad misionera debe ser un peregrinar en la fe en “…comunión íntima con Cristo: no se puede vivir la misión si no es en referencia a Cristo…[3],  es este permanecer en Cristo lo que hará fecunda su misión pues sin El “no podemos producir fruto”, lo contrario sería como un llevar agua en un colador. Este gran amor por Cristo del misionero va íntimamente unido al amor por la humanidad “… el misionero, [debe convertirse] en el “hermano universal; llevar consigo el Espíritu de la Iglesia, tener apertura y atender a todos los pueblos y a todos los hombres, particularmente, a los más pequeños y pobres[4]”.

 Sin embargo, para ejercer su función, es importante tener en cuenta las diversas variables que se le pueden presentar en las zonas de misión, las cuales, se deben tener en cuenta para reflexionarlas a profundidad y los resultados de dicho análisis, tenerlos en cuenta durante el trabajo pastoral; entre las que vale destacar:

Prestar sus servicios en zona de misión a la cual fue designado siendo consciente que inicialmente debe “…renunciarse a sí mismo y a todo lo que tuvo hasta entonces y hacerse todo para todos, en la pobreza, que lo deja libre para el Evangelio; en el desapego de las personas y bienes del propio ambiente, para hacerse así hermano de aquellos a quienes es enviado…[5]

En formación permanente, entendida principalmente como conversión permanente. El Misionero debe inspirarse en la comunidad de los doce, “…Jesús instruyó a los Doce antes de mandarlos a evangelizar y les pidió a los misioneros que vivieran las Bienaventuranzas, les indicó los caminos de la Misión enfatizando que estos consisten en: pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y persecuciones, deseo de justicia y de paz, caridad…” es decir, les indicó que estas deben ser practicadas en la vida apostólica; Jesús manifestó que viviendo las Bienaventuranzas, el misionero experimentará y demostrará que el Reino de Dios ya ha venido y que lo ha acogido. Por lo tanto, él, debe estar consciente de lo que esto implica, entre otras cosas salir de una “zona de confort” y llegar a un escenario que, por lo general, será en gran parte desconocido.

EL ESTUDIO DEL CONTEXTO LOCAL Y REGIONAL. Por otro lado, una de las tareas previas a la llegada a la misión y estando en la zona de trabajo, es hacer un estudio del contexto local y regional a través de la consulta de fuentes escritas, orales y estas, contrastarlas con lo vivencial. Inicialmente, el misionero, podría hacer un estudio previo antes de la llegada al lugar de trabajo con el fin de “…conocer ampliamente la historia, las estructuras sociales y las costumbres de los pueblos, que esté bien enterado del orden moral, de los preceptos religiosos y de la mentalidad acerca de Dios, del mundo y del hombre, conforme a sus sagradas tradiciones[6].”

III. CONOCIMIENTO DE LA CULTURA. Este, es otro de los aspectos a tener en cuenta, en el cual el misionero debe tener un conocimiento amplio de los grupos humanos con el cual va a adelantar su trabajo pastoral para este caso particular, es necesario estudiar las costumbres y el folklore de cada uno de los grupos humanos. Esta misma directriz la resalta el Papa San Pablo VI en el Decreto Ad Gentes sobre la Actividad Misionera de la Iglesia en donde señala que: “…la Iglesia, para poder ofrecer a todos el misterio de la salvación y la vida traida por Dios, debe insertarse en todos estos grupos con el mismo afecto con que Cristo se unió por su encarnación a determinadas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivió[7]”.

En el encuentro con los pueblos y culturas el misionero está invitado a vivenciar la espiritualidad del huésped, es decir, la de acoger con mucho respeto las personas con su cultura, espiritualidad y sabiduría ancestral. El misionero debe despojarse de su falsa superioridad cultural y cultivar la virtud de la humildad con el fin de que el proceso de evangelización sea integral, que no sea impuesto sino compartido y como resultado de este, el misionero pueda interiorizarlo y asumirlo sin perder el horizonte sabiendo que lo principal es Anunciar a Cristo, sabiendo que la Iglesia está al Servicio del Reino de  Dios y que Dios, se manifiesta de diversas formas en las diferentes grupos humanos, teniendo en cuenta esta premisa, el misionero estará en condiciones básicas para promover un diálogo con todas las personas y con la diversidad cultural de los pueblos que busca evangelizar.

EL APRENDIZAJE DEL IDIOMA Y DIALECTOS. Este, es uno de los aspectos sustanciales a tener en cuenta por parte del misionero que consiste en la necesidad u “obligación” de aprender las lenguas nativas de los grupos humanos con los cuales trabaja “… hasta el punto de poder usarlas con soltura y elegancia, y encontrar en ello una más fácil penetración en las mentes y en los corazones de los hombres [de esta manera], han de ser iniciados como es debido, en las necesidades pastorales características de cada pueblo[8]”. Esto conllevará a que el misionero se vea en la necesidad de pensar en el idioma del grupo, lo que permitirá entre otras cosas: conocer sus códigos, entender su manera de pensar y este esfuerzo, va a ser imprescindible para que la comunidad lo valore y lo acepte y después de esto, el misionero, estará listo para Anunciar el Evangelio de manera explícita.

Sin embargo, para el caso de un misionero extranjero, este, debe hacer un doble esfuerzo el primero, consistente en conocer el idioma y las costumbres del país donde esté desarrollando su trabajo y el segundo, es aprender los dialectos de los grupos humanos con los cuales adelantará el trabajo pastoral.

Esto, es, en síntesis, el proceso de inculturación que debe asumir el misionero en la zona de trabajo con respecto al grupo humano que acompaña; posterior a este proceso, el misionero tendrá las condiciones óptimas, la tierra abonada para acompañar el crecimiento de la semillas del Verbo ya plantadas por el Espíritu Divino en los corazones de cada persona, pueblo y cultura a la que ha sido enviado por el Misionero del Padre a evangelizar.

EL ENTORNO AMBIENTAL. Es importante tenerlo en cuenta ya que es necesario, que el misionero cultive una gran sensibilidad con el entorno ambiental de la zona de trabajo y se inspire en éste para poder anunciar el Evangelio en este caso, es necesario resaltar el trabajo con grupos étnicos que tienen sensibilidad por la naturaleza que Dios nos regaló; teniendo en cuenta que la mayoría de estos grupos humanos, asocian gran parte de su espiritualidad con la naturaleza, (el agua, la tierra, el sol, las plantas creados por un Ser Supremo) todo tienen una razón de ser de acuerdo a los seres animados e inanimados. Hoy más que nunca se nos hace un llamado a responsabilidad de todos con el cuidado de nuestra casa común y comprometernos con el cuidado y protección de lo que nos queda del sistema vivo de la Amazonía es una gran labor evangelizadora.

EL TRABAJO PASTORAL DONDE SE ES MINORÍA. Actualmente, muchas denominaciones religiosas han ido creciendo y ganando espacio con respecto a la religión católica, y en algunos casos particulares, los evangélicos son mayoría. Por lo tanto, para dar solución a esta situación es oportuno adelantar algunas acciones, una de ellas, podría ser el acercamiento con las demás denominaciones y hacer un esfuerzo por conocer la religiosidad de cada una de ellas si es posible y luego, establecer un diálogo ecuménico para compartir los principios cristianos sin dejar a un lado la diferencia de cada una de ellas.

Por otro lado, el misionero debe asumir tres retos simultáneamente, primero, estar convencido de su espiritualidad, segundo, es indispensable que conozca los elementos espirituales de las demás denominaciones y el tercero, conocer los elementos sustanciales de la espiritualidad de los diversos grupos étnicos.

La idea es establecer un diálogo con todos los actores con el fin de conocer a grandes rasgos la espiritualidad de cada uno y luego sí, concertar entre todos los actores involucrados el respeto a las diferencias y hacer acuerdos para que cada uno haga el anuncio del Evangelio sin atropellarse entre sí.

Con respecto a adelantar un trabajo misionero donde se es minoría como es el caso específico del Vicariato de Inírida, lo primordial es anunciar el Evangelio, siendo testimonio de vida como persona y como Iglesia. En caso de no poder hacer el anuncio desde el anuncio explícito del Evangelio, existen otras alternativas que se podrían utilizar entre otras: que la congregación envíe a los agentes de pastoral para hacer el acompañamiento a los diferentes grupos humanos a través de las diferentes pastorales que tengan establecidas en el territorio, de esta manera se podrían apoyar en las pastorales social, educativa, indígena; dando respuesta positiva en cada una de ellas este factor, va a permitir ganar confianza de las comunidades con respecto al misionero y la Iglesia Católica teniendo en cuenta que, a través de estas acciones, se estará evidenciando la presencia de Cristo y si es posible “aprovechar” estos escenarios, para confirmar el testimonio de vida y de Fe.

REFLEXIONES, CONCLUSIONES Y SUGERENCIAS

Es importante que el misionero que vaya a zona de misión esté con disponibilidad para trabajar con los diferentes grupos humanos que existen en la zona, pero adicional a ello, es necesario que tenga el perfil ya que este, le va a facilitar el trabajo. De lo contrario, deberá dedicar un tiempo determinado para prepararse y formarse para que no se vea incapaz ante las exigencias de su labor dentro de la misión; todo ello, sin dejar a un lado su formación doctrinal la cual va a permitir abarcar la universalidad de la Iglesia teniendo en cuenta la diversidad de los pueblos.

Con referencia a las zonas de misión de carácter pluricultural y plurinacional el reto es grande porque el misionero se debe “enfrentar” a una serie de circunstancias primero, conocer el contexto local y regional, luego, entender el contexto socio cultural y religioso de los diferentes grupos étnicos.

En este sentido, lo ideal, es que el misionero, se centre únicamente en un grupo étnico, para tener el tiempo suficiente para estudiarlo, conocerlo, inculturarse y de esta manera, poder realizar el trabajo pastoral adecuadamente ya que acompañar a más de un grupo, es bastante complejo porque se verá en la necesidad de hacer mayor esfuerzo y esto le podría generar desgastes físicos y mentales con el peligro de confundirse y no hacer la atención diferenciada de acuerdo a las particularidades de cada uno de los grupos.

Finalmente, uno de los retos respecto a lo anterior, es dar respuesta ideal desde lo espiritual a los grupos teniendo en cuenta la particularidad de cada uno, estos se podrían sintetizar en tres momentos el primero, está relacionado a su propia espiritualidad, el segundo, a la espiritualidad enmarcada en la jurisdicción eclesial (diócesis, vicariato o prefectura) que hace presencia en la zona el cual debe estar apoyado en el Plan Pastoral y el tercero, a la espiritualidad del grupo humano con el cual trabaja.

En síntesis, el reto está en aprender la cultura de cada uno de ellos y dar respuesta positiva a cada una teniendo en cuenta su particularidad cultural sin generar ninguna clase de confusiones que más tarde, podría obstruir el trabajo pastoral. En este caso la solución estaría en juntar los puntos comunes de cada una para hacer el Anuncio.

No obstante, el misionero debe anunciar a Cristo sin ambigüedades y este anuncio, debe ser claro para evitar, miedos, frustraciones, crisis existencialistas y confusiones a quienes les llega el anuncio.

Otro de los imponderables a que se puede enfrentar el misionero está relacionado al tiempo de permanencia en el lugar de misión, si es corto plazo, no va a poder consolidarse ni hacer el anuncio adecuadamente, por lo tanto, no alcanzaría a dejar consolidado un proceso; si es a mediano o largo plazo, contaría con las “garantías” suficientes para adelantar un proceso idóneo ya que, tendrá el tiempo suficiente para ahondar en su trabajo misionero. De esta manera se evitarían irrupciones en los procesos por la tanto, es importante que la comunidad religiosa y el mismo misionero, “garanticen” una permanencia significativa en la zona de trabajo.

“Toda comunidad cristiana nace misionera, y el amor de los creyentes a su Señor se mide precisamente según su compromiso evangelizador. Para los fieles, no se trata simplemente de colaborar en la actividad de evangelización, sino de sentirse ellos mismos protagonistas  y corresponsables de la misión de la Iglesia” (Benedicto XVI, Domingo Mundial de las Misiones 2007)

Mons. Joselito Carreño mxy
Vicario Apostólico de Inírida

 

FUENTES DE CONSULTA

Papa Juan Pablo II, “CARTA ENCÍCLICA REDEMPTORIS MISSIO” Del Sumo Pontífice Juan Pablo Ii Sobre La Permanente Validez del Mandato Misionero, Roma en San Pedro 7 de diciembre de 1990.

Papa Pablo VI, “DECRETO AD GENTES SOBRE LA ACTIVIDAD MISIONERA DE LA IGLESIA”, Roma, en San Pedro, 7 de diciembre de 1965.

[1] Tomado CARTA ENCÍCLICA REDEMPTORIS MISSIO Del Sumo Pontífice Juan Pablo Ii Sobre La Permanente Validez del Mandato Misionero, Roma en San Pedro 7 de diciembre de 1990. Numeral 23

[2] Ibidem. Numeral  87

[3]. Ibidem. Numeral  88

[4] Ibidem. Numeral 89

[5] Ibidem. Numeral 88

[6] Ibidem. Numeral 91

[7] DECRETO AD GENTES SOBRE LA ACTIVIDAD MISIONERA DE LA IGLESIA, Roma, en San Pedro, 7 de diciembre de 1965. Numeral 26, numeral 10

[8] Ibidem. Numeral 26

Un comentario en «El ser y el hacer de la misión»

  1. JORGE IVÁN FERNÁNDEZ

    MUCHAS GRACIAS Joselito por el escrito y excelentes ideas. Muy buenos los aportes de los papas pasados… Ojalá las maravillas de Francisco también nos iluminen a todos a nivel misionero, con todas las dimensiones, desde la espiritual hasta la ambiental…

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