Hacia una espiritualidad de encuentro y reconocimiento mutuo

Padre Mauricio Polanco, Misionero en Tailandia

Tailandia, Asia

En nuestro proceso de discernimiento en pos de una opción por la vocación misionera, es común que alimentemos en nuestro corazón el deseo de marchar a lugares lejanos a compartir la fe que da sentido a nuestro caminar y de “conquistar” corazones para la causa de Cristo y de su Iglesia. Son deseos que nacen de la profundas convicciones de aquellos hombres y mujeres como San Francisco Javier, Santa Teresa de Lisieux, Santa Laura Montoya, o nuestro Venerable Fundador Miguel Angel Builes, quienes han inspirado la misión de nuestro Instituto. Sin embargo, la misión de la Iglesia, más que una campaña proselitista, es ante todo una invitación a la permanente conversión de vida por medio de una espiritualidad que nos lleve al encuentro con el “Otro”.

En este sentido, el Papa Francisco, durante su visita apostólica al Reino de Tailandia el pasado mes de Noviembre de 2019, con gran claridad y partiendo de la pregunta de Jesús en el Evangelio ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?” (Mt 12, 48), nos invitaba a ponernos en camino y descubrir aquella verdad capaz de engendrar vida; a abrir el corazón y los horizontes al encuentro de una novedad más hermosa que todo aquello que pudiéramos pensar: la de sabernos parte de una familia mucho más grande que aquella generada por límites religiosos, culturales o étnicos, buscando los nuevos rostros que nos invitan a superar los adjetivos que nos dividen. El Papa nos recordó desde esta realidad que “el discípulo misionero no es un mercenario de la fe ni un generador de prosélitos, sino un mendicante que reconoce que le faltan sus hermanos, hermanas y madres, con quienes celebrar y festejar el don irrevocable de la reconciliación que Jesús nos regala a todos: el banquete está preparado, salgan a buscar a todos los que encuentren por el camino (cf. Mt 22,4.9)”[1].

             Esta hermosa exhortación del Papa Francisco confirma y anima nuestro apostolado como Misioneros de Yarumal en estas tierras tailandesas, donde como cristianos somos una “pequeña familia” al servicio de un proyecto mucho mayor: el de la fraternidad con nuestros hermanos y hermanas de otras religiones. Tailandia ofrece grandes posibilidades en el sector comercial, médico y educativo, con grandes atracciones para los turistas alrededor del mundo que se interesan en la belleza de este pueblo milenario. Sin embargo, detrás de estas realidades deslumbrantes, existen grandes desafíos para la sociedad, en especial para las familias empobrecidas, las mujeres, los trabajadores explotados, las víctimas de la trata de personas, los migrantes, las minorías étnicas, etc. La propuesta engañosa de una vida mejor y con mayores recursos económicos a costa de la propia libertad, sumada a la crisis de sentido de vida que experimentan los jóvenes, se contraponen a un contexto profundamente impregnado por la milenaria tradición budista y la presencia de otros grupos y confesiones religiosas. Es allí donde la mirada hacia el dolor del ser humano se convierte en invitación para construir puentes en el amor y reconocer que nuestra experiencia de ser familia en la diversidad nos acerca de manera profunda al corazón del Dios de Jesús. Es en esta fraternidad donde nos encontramos que la lógica del encuentro es el único camino creíble para dar testimonio de nuestra identidad cristiana en esta sociedad que nos recibe con generosidad y, a su vez, nos pide que demos testimonio de unos valores nuevos, capaces de transformar las realidades de muerte en realidades de vida. El compartir frecuente con hermanas y hermanos no cristianos manifestado en nuestra vida cotidiana (en el colegio parroquial en el mercado, en el vecindario, en las comunidades urbanas y rurales, etc.), el descubrir la profunda belleza de sus tradiciones y la inclinación natural de las personas que habitan esta tierra por la armonía y la paz, su comprensión de la religión y de la espiritualidad como camino que construye buenas personas (independientemente de la fe que se profese), son los tesoros profundos a descubrir en nuestra experiencia misionera en este hermoso país del sureste asiático.

Como Misioneros de Yarumal en una realidad social y religiosamente plural, estamos invitados a trabajar con los otros (de manera particular con los líderes de las otras religiones) para superar la lógica de la insularidad y atrevernos a construir, como hijos de la gran familia humana, la lógica del encuentro y del diálogo mutuo como camino, la colaboración común como conducta y el conocimiento recíproco como método y criterio (papa Francisco). La realidad de vivir en una sociedad donde coexistimos personas de distintos credos se convierte en aliciente para superar el síndrome de autoreferencialidad, causante de divisiones y enemistades, y poder abrazar con libertad y valentía la aventura de generar espacios donde los miembros de las diversas religiones podamos unirnos y trabajar mancomunadamente por la defensa de la vida y la dignidad de las personas con las que compartimos el día a día.

Andrés Felipe Jaramillo Gutiérrez m.x.y.

Misionero en Tailandia

 [1]Homilía Papa Francisco, Estadio Nacional (Bangkok), Noviembre 21 de 2019.

[2] Pope Francis’ Homily at National Stadium (Bangkok). November 21, 2019.

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Un comentario en «Hacia una espiritualidad de encuentro y reconocimiento mutuo»

  1. Araceli

    La palabra dice y el Espiritu actua . Quiero que mi decir una palabra o muchas sea un posibilitar al ESPIRITU su accion en mi y en quienes me escuchen viendome. Que osadia. Agradezco a ustedes misioneros de Yarumal por todo esto que son y hoy nos lo estan diciendo en estos medios. Gracias a nuestro Buen Dios y a ustedes tambien, como sus siervos inutiles que hacen lo que necesitan hacer.

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