La misión viene de adentro

Comunidad indígena, Vaupés Colombia

Es tan obvia esta relación entre Mons. Miguel Ángel Builes y la misión que resulta hasta difícil empezar a escribir sobre esto.  Pero intentémoslo.  Quiero hacerme una pregunta: ¿de dónde le viene al Fundador esta pasión por la misión?  Y yo mismo trato de responder leyendo Mi Testamento Espiritual.

Hay una parte muy especial de este Testamento en el que el Obispo hace composición de lugar y se imagina la Trinidad deliberando en la eternidad sobre este mundo de nosotros.  Los ojos de todos, del Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, se bajan pasando las nubes y viendo los aprietos de este suelo, se preocupan y su pasión por la humanidad se conmueve y es ahí, donde el Hijo se ofrece y dice “aquí estoy” y se viene para la misión (cfr. MTE, p. 209-210).

En ese mismo momento (esa composición no era sólo de lugar, también de tiempo) esos espectadores que miran desde arriba, las tres divinas personas y con ellos los ángeles que se les van agregando, se fijan en una casita blanca de Nazaret donde una muchacha virgen está recogida en oración…. “…está orando en Nazaret atrayendo sobre sí a la Augusta Trinidad” (MTE, p. 209-210).  Y la Trinidad se viene para donde ella, y se pone a vivir en su corazón, con esta presencia divina sus adentros se vuelven cielo y Dios continúa deliberando y discutiendo dentro de ella lo que ya discutía desde la eternidad, es decir, sobre la salvación y sobre el bien de los hombres y las mujeres de esta tierra.

María, que “vive por dentro”, “colocada en los linderos de la divinidad” (MTE, p. 224), escucha en su alma todas estas deliberaciones trinitarias, oye que el Hijo dice aquí estoy, y ella no tiene más que hacer sino hacerle eco y e intervenir: “hágase en mí según tu Palabra” ….  Y ahí empieza la misión… El Hijo se encarna en la Virgen y viene a la tierra, hombre entre los hombres y mujeres, a la cultura israelita, a aprender el arameo, a ponerse en camino para estar con los más últimos de los últimos…. A vencer el mal y la muerte, a ganar vida abundante para todos, a juntar el cielo con la tierra… a abrir las puertas que estaban atrancadas.

Esto lo relata Mons. Builes, explicándose y explicando cómo empieza la misión… El Obispo coge las aguas bien arriba, para cogerlas limpias y frescas….  La misión empieza en la Trinidad, dentro de la Trinidad, y los que, como María, reciben la Trinidad en su corazón, (“si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos nuestra morada en él” Jn 12, 23), y “viven por dentro”, esos escuchan las conversaciones de las personas divinas, se dan cuenta cómo el Padre, el Hijo y el Espíritu están preocupados por la situación de la humanidad, ven como el Hijo se ofrece, ven cómo sale más tarde el Espíritu…. Y escuchando todo esto y viendo todo esto, no tienen más que darse también y ofrecerse para trabajar en esos planes de Dios.  El que “vive por dentro” necesariamente se contagia de la pasión de Dios por la humanidad y se decide a hacer algo, da su sí como el Hijo, como María…

Entonces, la pregunta: ¿de dónde le viene al Fundador esta pasión por la misión?, de “vivir por dentro”, la pasión por la misión no es otra cosa que la misma pasión de Dios por la humanidad…  La misión no le viene de afuera, de ver pobreza, de ver miseria, de ver pecado…. Una misión que viene de afuera se reduce a filantropía… la misión le viene de adentro, de Dios escuchado en el corazón, de Dios preocupado dentro del corazón del misionero “por nosotros y por nuestra salvación”.

Creo que monseñor Builes se volvió misionero por su “vivir por dentro”, orando, en contemplación…  Ahí arrancó su misión, su deseo de ir lejos, de no quedarse sentado, de navegar los ríos, de salir a las selvas, de cruzar los mares…. Estrechado con Dios dentro de sí, se dejó contagiar de los “quereres” de Dios y la pasión de Dios por la humanidad se volvió el motor de su actividad.  Habrá que preguntarle a su vereda en Don Matías, a su celda de seminarista, a la capilla del Seminario de Antioquia, al sagrario de la iglesia de Remedios, a la estatua de san Miguel…. Sí esos lugares y esas cosas pudieran hablarnos, si nos pudieran contar de silencios arrodillados, si pudieran dar detalles de la intimidad de la oración…. Ellos nos dirían que ese muchacho seminarista y joven sacerdote después, traía el cielo a la tierra cuando oraba, un cielo no de nubes y poses afectadas, sino uno de pasión y de ganas, de preocupaciones y sueños, de salvación para todos y todas….

Jairo Alberto Franco, mxy

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