La muerte no tiene la última palabra

HOMILIA EN LA MISA DE FUNERAL DEL PADRE MANUEL JAUREGUI

La muerte no tiene la última palabra. En medio de los signos de maldad y destrucción que en estos momentos permean todos los espacios de la realidad humana en todo el mundo, pareciera como si frente a la muerte, sólo el llanto y el silencio fueran respuesta. Pero estamos aquí reunidos, en íntima unión con todos nuestros hermanos misioneros del mundo entero, en íntima unión con nuestros amigos y conocidos, en íntima unión con la familia y los allegados al Padre Manuel en su tierra natal de Cúcuta, su padre, su señora Madre, estamos aquí en esta unidad, no virtual sino real, espiritual, íntima, para declarar una vez más que la muerte no tiene la última palabra.

Nos sorprende y nos duele, de manera inexplicable, la trágica noticia recibida anoche de la de la muerte violenta de nuestro hermano el Padre Manuel Ubaldo Jáuregui Vega, Misionero de Yarumal. Este hermano nuestro, fascinado por el mensaje del Evangelio y entusiasmado por la persona de Jesucristo, aceptó la invitación del Señor a llevar su buena noticia a los que no la conocen aún. Y esa buena noticia, es una noticia de vida, es una noticia de salvación. Es una noticia que le grita al mundo, que la muerte no es ni tiene la última palabra.

Ante su asesinato, como ante el asesinato de tantos líderes comunitarios en Colombia y en el mundo, ante el asesinato de pobres víctimas de la violencia desmedida y ciega, nos quedamos atónitos, pero miramos la imagen del Señor Jesús, vencedor de la muerte y nos animamos a proclamar que esa muerte no tiene la última palabra.

Si el grano no cae en tierra y no muere, queda infecundo, pero si muere da mucho fruto, dice el Señor en el evangelio. El es el único que de la muerte ha sacado un fruto de vida, y esa es la buena noticia que le anunciamos al mundo en medio de sus guerras, sus odios y su maldad. Nuestro hermano Manuel es grano fecundo, que dando la vida en la misión, por la obra de Jesucristo, produce fruto nuevo y bueno para la salvación de la humanidad. Buscando eso, fue que decidió seguir a Cristo, hacerse misionero de Yarumal e ir a gastar su vida con los más pobres en Angola.

Queridos hermanos, querida familia Jáuregui Vega, el dolor es inmenso y el vacío profundo. Pero no lamentemos en ningún momento que nuestro hermano Manuel haya escogido seguir a Cristo yéndose a la misión en Angola. Lamentamos que ya no pueda seguir entre nosotros, pero no lamentemos que haya decidido estar con Cristo, proclamar a Cristo, irse al Africa a llevar a Cristo, ser heraldo y mensajero del Evangelio del Señor. Porque Manuel fue un hombre feliz, y esa felicidad no se la dimos nosotros, ni tú ni yo, esa felicidad se la dio Cristo, esa felicidad y esa plenitud se la dio el Señor. Lamentamos su ausencia, pero no lamentamos que haya escogido a Cristo en su vida, no, esa fue su mejor opción.

Y por eso estamos aquí para decirnos los unos a los otros que la muerte no tiene la última palabra.

Esa tarde del Viernes Santo en el Gólogota, cuando Jesús expiró, creímos que la muerte tenía la última palabra. Y ese viernes Santo que se repite cada vez que esos, los que roban, los que destruyen, los que asesinan, nos da la impresión, humana impresión de que la muerte dijo la última palabra para sellar nuestro destino.

Pero no, con el Padre Manuel proclamamos a viva voz que la muerte no tiene la última palabra, no la ha tenido nunca, no la tiene en nuestro hermano sacerdote misionero Manuel Ubaldo, y no la tendrá Jamás.

La última palabra la tiene Cristo Vencedor de la Muerte y esa última palabra es un Canto de aleluya, la última palabra la tiene Cristo el Señor, y esa última palabra es un grito de resurrección. Y esa, mis hermanos, es la buena noticia que para la salvación del mundo anunciamos los Misioneros Javerianos de Yarumal.

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