Gerardo Valencia Cano, un verdadero pastor

Lo primero que hizo Monseñor Gerardo, después de la posesión de su cargo, como vicario apostólico de Buenaventura, fue recorrer la ciudad, conocer sus ovejas, descubrir y palpar la miseria física, la espiritual y moral que van a la par de la primera.

De allí tomó los puntos básicos para su Primera Pastoral la cual redactó algún tiempo más tarde, cuando era el momento de un balance. De ella entresaco lo siguiente:

“A los muy amados Padres y Hermanas del Vicariato, salud y paz.

Balance del año que termina.

Por fuera de nuestro territorio, la fama del gran progreso espiritual de Buenaventura vuela de boca en boca, aumentando la de los sacerdotes y religiosas que aquí trabajan, pero a ninguno se nos oculta la oscura realidad que nos muestra en nuestro Puerto una inconfundible miseria moral muy dolorosa, más dolorosa que la miseria material: 50% de hijos naturales, gran parte adulterinos; el número espantable de mujeres públicas de mala vida, sin contar las ocultas; el vicio de la embriaguez, aquí mayor que en todas partes; el robo en todas formas que nos cubre de vergüenza; el avance del protestantismo y, sobre todo, la frialdad religiosa de los hombres, hecha visible en la santa Misión que acabamos de tener; y fuera del Puerto, la peligrosa situación de los obreros del Anchicayá (800) sin un capellán, y cercado de mujeres de mala vida; la situación espiritual de Puerto Merizalde que levanta sendos memoriales contra su párroco y contra las Hermanas; el abandono de Cisneros que, a pesar de mis deseos de seguir esperando un sacerdote y la inconstante situación de los ríos visitada una vez y eso como por sport. Por otra parte vemos que, a pesar de nuestros esfuerzos, el personal de misioneros apenas aumentó en 2 y el de las religiosas en 4, cuando la población creció en varios millares. Los protestantes han abierto nuevos centros y los católicos de buena voluntad exigen cada día mayor atención.

La creación urgente de dos nuevas parroquias dentro de la ciudad ha traído nuevos y graves problemas relacionados, el mayor, con la adquisición del lote para la iglesia parroquial. Después de haber luchado durante todo el año por sanear de ocupantes el lote de Pueblo Nuevo, hoy aún nos encontramos con un impase con el gobierno municipal, departamental y nacional. El lote para el templo de El Firme, hoy se encuentra en promesa por parte del Ferrocarril.

Y nada digamos de la educación que, por estar en tierras de Misión, depende en toda su extensión de nosotros: 4 escuelas; un pequeñísimo orfanato y unas pocas clases en el Colegio Oficial. He aquí toda nuestra acción educativa.

La llegada de 4 religiosas Terciarias capuchinas de la Provincia de Medellín, nos envía un rayo de esperanza en tanta oscuridad.

NUESTROS MISIONEROS: Y no es que los sacerdotes y las religiosas que nos ayudan no sean altos ejemplares de abnegados y celosos apóstoles, ¡gloria a Dios por ello! Pero, humanos como son, ¡como los vemos abrumados bajo el peso de una tarea bastante mayor que sus fuerzas y recursos! Admirados se fueron los RR. Padres franciscanos que presentaron la Santa Misión, del apostolado de nuestras religiosas y público, y por demás, honroso testimonio dio el Cardenal Tedeschino de la catolicidad del pueblo. Por lo cual, a cada momento me siento obligado a agradecer al buen Dios el don de tan buenos colaboradores.”[1]

Con este abundante elenco de problemas sociales, económicos y morales y con los pocos recursos materiales y humanos, fue diseñando su trabajo pastoral y el de sus colaboradores. Recursivo como nadie y con el deseo ardiente de encarnarse en su pueblo moreno, no perdía tiempo y, con su pie ligero, visitaba las familias más pobres y les daba una palabra de consuelo y de ánimo, o unas cuantas monedas para aliviar un poco el hambre del hogar.

Mons. Valencia desde su primera y única carta pastoral en la que hace un triste balance de la situación agobiante de sus ovejas, especialmente en el Puerto: ignorancia, falta de recursos, robos, vagancia, licor, prostitución, inseguridad, carencia de salud, de educación y de servicios básicos; desgreño y abuso de algunas autoridades, chantajes, injusticias y mil problemas más, pone todas sus energías para tratar de solucionar, al menos en parte, algunos de esos mil problemas que en los campos material, intelectual y espiritual pululan en su Vicariato.

Compra una emisora comercial que existía en el Puerto y, desde allí, como su mejor palestra, resuena su voz y la de sus colaboradores, para enseñar, catequizar, informar, orar, denunciar y fustigar toda clase de males; abrir caminos y proponer soluciones; escuchar buena música y, algo muy importante: estar el Pastor en fraternal contacto con sus ovejas.

En ella tomó como propio dos programas radiales: uno, llamado “BUENOS DÍAS”, el segundo, “BUENAS NOCHES”.

El pueblo de Buenaventura y los habitantes rurales de su Vicariato escucharon más de 1.152 programas, y digo que más, porque mil ciento cincuenta y dos fueron los que alguien del despacho del Vicariato pudo rescatar, ya que cada programa lo escribía en hojas sueltas.

Además de dichos programas, acudía con frecuencia a la emisora en casos especiales para dar un discurso de bienvenida a un insigne visitante, para pronunciar un discurso de tinte político o religioso. También en el Vicariato se editaba un periódico semanal con temas de importancia y de actualidad.

Los programas radiales no los hace con palabras duras e hirientes, como una espada que atraviesa el alma, sino como un bálsamo que ofrece para la triste realidad en que se encuentran. En ellos el Obispo, muchas veces y de diversas formas, está recalcando sobre los problemas y vicios de la ciudad, como también alaba y da voces de aliento cuando encuentra sus motivos. Transcribo aquí uno de ellos que trata del robo.

“BUENAS NOCHES. ¿Y CÓMO?

Hace apenas dos horas que, estando yo en uno de los almacenes de la carrera Primera un moreno le arrebató el reloj a un señor y se perdió en los callejones de la marea.

Inmediatamente comenzaron a llover historias de los robos continuos y en aumento alarmante que se registra en la ciudad, y pensé:

Entonces, ¿cómo podré decir buenas noches a las gentes honradas de este Puerto?

¿No será mejor dárselas a los ladrones?

¿Cómo pueden tener buenas noches los comerciantes que están con la zozobra de amanecer con el almacén vacío?

¿Cómo pueden tener buenas noches los directores de oficinas y de empresas que han visto sus puestos vacíos de sus máquinas de escribir y calcular?

¿Cómo pueden tener buenas noches los turistas que tienen que caminar sin reloj y sin bolso y sin estilógrafo y sin un centavo, porque saben que, al primer descuido los van a dejar medio tontos y sin nada?

¿Cómo pueden tener buenas noches las esposas solas que, mientras esperan al marido se las duermen con estupefacientes para robarles hasta los tendidos de cama?

Se ha dicho que las ratas que hay en el puerto consumen toneladas de mercancía cada mes y hasta cada semana. ¿Qué no se podrá decir de los rateros?

Imposible tener buenas noches mientras los guardianes de la ciudad, Alcalde y policías no se propongan guardar el sueño a los ciudadanos.

Mientras se continúe el pecado del desamparo policial en que el Gobierno tiene al Puerto de Buenaventura, será imposible que esta ciudad deje de ser “Cueva de ladrones”.

Una ciudad compuesta por miles de chozas sin puertas y con muros podridos, es imposible de guardar de los ladrones; pero si esos vieran en cada esquina un agente de policía, no se atreverían jamás a robar. Su avilantez se funda precisamente en que jamás se encuentra oportunamente un policía y los ladrones pueden robar a sus anchas, armados siempre de puñal como lo hacen seguros de que la policía, o no acudirá al llamado, o sólo irá cuando se hayan convertido.

Este vacío perfectamente podría llenarlo una policía cívica bien organizada y respaldada por la autoridad. Pero si vamos a desautorizarla, como se hizo con la de El Firme, será peor el mal.

¿Buenas noches? ¿Y cómo? Con las puertas bien trancadas, además como para un combate y bien despiertos. Y ¿entonces? ¿Qué buenas noches son esas en que el niño está en zozobra porque la ve en el rostro del padre y de la madre y en que a cada ruido de ratón se está pensando que es el ladrón que puso el veneno por debajo de la puerta, o el que se quedó escondido debajo de alguna cama o el que está acechando al señor cuando llega del muelle ¿Qué buenas noches son esas?

En vano invocaremos a los Santos Ángeles sin el aporte necesario sin los hombres que por juramento tienen el deber de custodiar los bienes de la comunidad y de los individuos que está pagando un alto impuesto de sus rentas con la esperanza de que el Gobierno va a velar por el orden y por la paz.

Este montón de muchachos vagos que en el día están en las aceras jugando plata y es seguro que formen de noche las pandillas para robar el dinero que juegan de día.

Ese entrar a la cárcel por docenas a los rateros y ese soltarlos luego porque les toca el turno a los compañeros que se quedaron en la calle, ¿no es la peor de las alcahueterías?

Con una ciudad abarrotada de basuras y de maleza; con unas calles que sufren la enfermedad incurable de los baches; con una carretera tan llena de huecos que parece piernas de leproso; con una selva de miles de kilómetros y fomentando la vagancia y el robo con los turnos de cárcel, ¿Cómo se podrá tener buenas noches?… Por eso, con el optimismo que me inspira la esencia del hombre, hecho a imagen y semejanza del Creador, os doy en la presente las “buenas noches” como el augurio de que ha de comenzar muy pronto una nueva era de responsabilidad por parte de las autoridades y de todos los hombres de buena voluntad y que todos nos comprometeremos a poner de nuestra parte todos nuestros esfuerzos por el bien de la sociedad. Buenas Noches.”[2]


[1] Valencia Cano, Mons. Gerardo. Programa radial Buenas Noches. Tomo I Años 1961 a 1964. Tomo II Años 1963-1965, Tomo III Años 1967-1968, Tomo IV Años 1968-1971, Tomo V Años 1969-1972. Propiedad del Imey.

[2] Valencia Cano, Gerardo. Programa radial Buenas Noches. Tomo I 1961 a 1964

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