Hospital de Campo

La Misericordia de Dios, tiene la “gracia” de filtrarse a través de las grietas de nuestros corazones endurecidos, necrosados por el sufrimiento. A Él le basta un pequeño gemido de su criatura pidiendo auxilio, para salir presuroso a socorrerla. Francisco, este Papa revolucionario, que parece escapado de las páginas del evangelio, lo ha dicho y repetido desde el inicio de su pontificado: “Dios perdona todo” ¿Por qué nos cuesta tanto creerlo? ¿Será porque no nos hemos reconocido aun, necesitados de su misericordia? O ¿Por qué somos más implacables con nosotros mismos que el mismo Dios?

¿Acaso no estamos cansados de nuestra orfandad y deseosos de dejar descansar en su regazo nuestras cabezas aturdidas? Todo el plan de Dios es tan sencillo que no acabamos de creerlo.

En una de las primeras homilías de su  pontificado, en el 2014, el Papa hizo una inmersión en el significado profundo del sacramento de  la Confesión, ante  3000 sacerdotes reunidos en  Roma. Cuando una persona se acerca al confesonario  –les dijo– llega como a un  hospital de guerra, a un Hospital de Campo, con heridas en el alma, buscando quien le suministre primeros auxilios espirituales. Les recordó que la gente no llega buscando que le prescriban exámenes de glicemia ni pruebas de colesterol….necesita que le detengan las hemorragias del alma y los sacerdotes están llamados a sanarlos con infinito Amor, con Misericordia.

“Esta es la misión de la Iglesia: curar y cuidar. Algunas veces he hablado de la Iglesia como de un hospital de campaña. Es verdad: ¡cuántos heridos hay, cuántos heridos! ¿Cuánta gente que necesita que sus heridas sean curadas? Esta es la misión de la Iglesia: curar las heridas del corazón, abrir puertas, liberar, decir que Dios es bueno, que Dios perdona todo, que Dios es padre, que Dios es tierno, que Dios nos espera siempre”.(Febrero 5 de 2015)

Estas palabras del Santo Padre nos interpelaron fuertemente. ¿Sólo los sacerdotes están llamados a ejercer este “apostolado de la oreja”? ¿Sólo los sacerdotes están facultados para dar la Misericordia? Y si a “más pecado más Misericordia” como prometió Jesús a Santa Faustina Kowalsca, ¿podría convertirse Colombia entera en el primer Hospital de Campo del Papa Francisco?  La vida sería distinta si decidiéramos escucharnos unos a otros.

Estas reflexiones retumbaban  en mi cabeza, desde que el Papa aludió por primera vez a un Hospital de Guerra. Y  en octubre de 2014 propusimos, ante el Tercer Congreso Mundial de la Misericordia, celebrado en Bogotá, convertir a  Colombia  en el primer Hospital de Campo del Papa Francisco, para la reconciliación entre víctimas y victimarios.

Y  precisamente la carta del Papa anunciando su visita al país confirmó nuestra intuición. Nos invitaba a “asumir el riesgo de convertir con toda la iglesia, cada parroquia y cada institución en un Hospital de Campo, en el lugar seguro en el que se pueden reencontrar  quienes experimentaron atrocidades y quienes actuaron desde la orilla de la violencia”.

Para lanzarnos a esta aventura y “asumir el riesgo” al que nos invitó el Papa,  las víctimas de la violencia, agrupadas en la Fundación Víctimas Visibles,  asumieron el desafío de dar el primer paso hacia el perdón, creando los retiros espirituales HOSPITAL DE CAMPO.

Para recibir los servicios de primeros auxilios en el Hospital, ya sea víctima o exvictimario, de cualquiera de los grupos armados que nos han enlutado, la única condición es declararse “necesitado de misericordia”  Estamos cansados de la violencia, con hemorragias del alma, las heridas aún abiertas y mucha sed de amor. Es tanta la sangre derramada en Colombia, que este dolor no puede seguir siendo un dolor inútil.

Lo que sucede al interior de los Hospitales es inenarrable. Sólo es visible a los ojos del corazón. El Santo Padre, durante su visita a Colombia, pudo expresar después de escuchar los testimonios de las Enfermeros (víctimas), y de los  Camilleros (exvictimarios): “Gracias por el Hospital de Campo. Gracias porque las puertas fueron abiertas y siguen abiertas. Gracias por los que se animan a entrar, que miran de lejos y quieren entrar y no saben cómo.

Gracias por aceptar tanto despojo, por saber que uno quedó sin nada y que aun lo que podía hacer todavía no lo logra…pero proclamar delante de todos esa frase que nunca me la voy a olvidar: “Dios perdona en mi”

Son muchos los que no pueden perdonar todavía, pero hoy recibimos una lección de teología, de alta teología: Dios perdona en mí. Basta dejar que Él haga.

Y toda Colombia tendría que abrir sus puertas como las abrió este Hospital de Campo. Y dejar que entre Él, y que Él perdone en uno. Darle lugar: “Mirá yo no puedo, pero hacelo vos”.

Los sacerdotes que nos acompañan, son los médicos del Hospital, que mediante el “apostolado de la oreja”, que es el método de diagnóstico,  prescriben y entregan Misericordia en abundancia. Para ello, viajan, como verdaderos misioneros, a los lugares más recónditos e inexplorados de las almas de los colombianos heridos. Llegan hasta las selvas más espesas del dolor humano.

Han sido muchos los sacerdotes que  han prestado sus servicios a Dios en el Hospital, pero Nuestro Señor nos ha bendecido con la amorosa orientación permanente del Padre Fabián López, un misionero de Yarumal, sanador de almas heridas, un sacerdote  humilde y sabio  que camina con nosotros, nos conduce; un hombre vaciado de si mismo, que anda por las Galileas de hoy, bendiciendo a manos llenas y dejando ver al Jesús que lo habita.

Esta iniciativa de  laicos, quiere seguir peregrinando por los valles, las selvas y los desiertos aun inexplorados de las periferias del profundo dolor enquistado en el alma de los colombianos y espera el acompañamiento de más sacerdotes misioneros. Es Jesús mismo quien dirige el Hospital y nos lleva de su mano.

Diana Sofía Giraldo
Presidenta de la Fundación Víctimas Visibles

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