Los cuarenta días en el Vaupés de Mons. Miguel Ángel Builes

En este tiempo de pandemia y de cuarentenas alargadas y encogidas quisiera unirme a la vida de la selva, del rio y del raudal. La selva de cemento limitada por barreras de adobes y chambranas, puertas y ventanas hacen de la quietud de este tiempo una experiencia un poco traumática y desesperante. Mons. Builes, por su lado, se adentra en una cuarentena natural del 14 de octubre al 25 de noviembre de 1950 en las extensas selvas del Vaupés, en la que la aventura, el celo ardiente por las almas y la conciencia de su vocación misionera, harán de las dificultades un libro, en el que la vida cotidiana, llevada conscientemente, generará conocimiento y crecimiento.  Me atrevo a describir algunas de las actitudes de nuestro fundador en su viaje misionero, que podrían ayudarnos en nuestra actual situación de pandemia.

1.  Disposición interna para salir: una de las actitudes más aconsejables a la hora de enfrentarnos a la quietud y al encierro es la imaginación. Ésta, es una disposición interna que nos cambia de posición sacándonos de lo cotidiano y aburrido. MAB nos ayuda con estas palabras cuando salía para Mitú:

   “Dos miradas se escaparon de mi alma. La primera hasta el seno de la manigua, donde me pareció contemplar las fieras, las serpientes, las aves tropicales…me pareció escuchar el rugido del jaguar, la orquestación de las cachiveras de los ríos y las pulsaciones del gigantesco corazón de la selva. Con

esos sentidos de la naturaleza selvática y el indio melancólico, junté los de mi enfermo y agitado corazón y volviendo hacía arriba mis ojos miré al Padre del Cielo…” (p.14).

Ser capaz de ver más allá, de sentir más allá, de escuchar más allá, de anhelar más allá es una actitud espiritual que se une a nuestra propia inteligencia y la transporta lejos de la obsesión de la rutina, de la sensación de encierro y del cansancio del “no hay más nada que hacer.” Cuando MAB ve en su mente lo que aún no había llegado a experimentar, pero que añoraba aprehender, puso en práctica su inteligencia espiritual que lo llevó hacia adentro nuevamente, al lugar donde Dios habita, para hacerlo partícipe de su visión y de su misión.

2. Interés de conocer, escuchar y aprender: unido a la imaginación, el interés que genera el asombro por lo nuevo, hace que nuestros sentidos se afinen y se abone el terreno del aprendizaje. La oportunidad de estar más tiempo con nuestras familias, de generar nuevas maneras de relacionarnos, de aprovechar el ocio, de desarrollar actitudes antes oscurecidas por el activismo, de estar más tiempo consigo mismo son algunas de las cotidianas, pero asombrosas cosas, que no podíamos realizar antes. MAB, nos muestra claramente su interés por aprender nombrando las diversas tribus de las que se componía el territorio vaupesino, describiendo sus tierras, anotando juiciosamente el proceso de la yuca brava y sus resultados (Manicuara, casabe, fariña, tapioca, chivé, mingue, muyica…) además de la descripción de las diferentes comunidades por las que pasó. Para este proceso de aprendizaje es necesario escuchar, ya por bibliografía, ya por personas, ya por sensaciones internas. Escuchar exige atención y es aquí en donde se nos hace posible, en nuestra época actual, hacer de lo ordinario, extraordinariamente lo mismo. La atención, que denominaría yo, conciencia, se presenta como un movimiento interior que unifica todos los sentidos hacia los objetos, pensamientos y actividades. Estar concentrado, es estar consciente y, el estado de conciencia desentraña lo que la superficialidad de la vida no nos deja ver dentro y fuera de nosotros.

3. Deseo de aventura, sin temor a lo nuevo: es muy humano temer a lo desconocido. Lo nuevo es siempre desconocido. Para quitar el miedo se necesita apertura de vida, de mente, de sentimientos. La aventura es una apertura desafiante a lo nuevo. Cuando entramos en estado de cuarentena en Colombia, muchos pensamientos negativos se apoderaron de nuestras mentes (encierro, falta de alimentos, falta de trabajo, nada que hacer, nada de estudios…); sin embargo, la apertura bien dispuesta a lo que la vida presenta es una actitud constante de aventura y la aventura, además de traer satisfacción, desarrolla nuevas capacidades y talentos para enfrentar lo nuevo. MAB viajaba por primera vez al Vaupés pero su espíritu aventurero(misionero) lo empujó hacia los ríos Papury, Yí, Paca y Vaupés y lo dirigió a las comunidades de Wacaricuara, Monfort, Piracuara, Teresita de Pirámirí, Yavaraté… y de allí re-formó su visión eclesial y cultural dando paso al conocimiento de nuevas culturas, tradiciones y experiencias espirituales. Las leyendas sobre dioses, el origen de los Macú, las leyendas sobre la Santísima Virgen enriquecieron su anterior manera de ver la misión.

En nuestra época, en estos momentos, ya nos hemos dado cuenta que, muchas veces, lo que nos imaginamos no coincide con la realidad y que la vida sigue su rumbo enriqueciéndonos cada día más y más. Teletrabajo, misas virtuales, estudio virtual, retiros virtuales, han hecho que nos unamos con familiares y comunidades con las que no se tenía tanto contacto. Ha hecho que nos dediquemos más a la lectura y a los hijos, entremos en contacto con los profesores y traspasemos fronteras internacionales… en fin, desde casa puedo hacer mucho. Basta tener imaginación y espíritu aventurero, apertura y disposición para seguir viviendo. La vida siempre nos sorprende, aunque estemos quietos y encerrados.

4. Regreso a la realidad: volver a la realidad es ubicarse nuevamente en el contexto y en personas. MAB vuelve a Bogotá, Medellín, Santa Rosa y concluye su experiencia misionera con un reportaje que recoge la interpretación que ha hecho de las realidades por donde pasó los últimos 40 días. Cuando las experiencias fueron significativas, por lo general, dan una visión más acertada y sentida.

Como conclusión, MAB ve las necesidades misioneras, desde su época, en estos contextos selváticos: Se necesitan sacerdotes y hermanas; oraciones y plegarias; iglesias y capillas, la fundación de pueblos; caminos de acceso y comunicación; vestidos; motores fuera de borda; medicinas; becas…

El resultado de una cuarentena va a ser formativo dependiendo de la disposición interna que me ayude a afrontar lo nuevo. De igual manera, se tornará en experiencia dependiendo del interés de leer los acontecimientos como un reto antes que como un mal.

Finalmente, me hará crecer en la medida en que sea capaz de mantener mi cuerpo, mi mente y mi espíritu unidos a la realidad que me está tocando vivir y elevando mis sentidos y mi fe para que Dios siga haciendo su obra en medio de las dificultades y adversidades que se irán transformando misteriosa y lentamente.

Yeicinio Tobón mxy.
Misionero en Yarumal

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