San José, padre en la sombra

“SOY PARA VOSOTROS PADRE”

1924 – 2021

97 años de fecundo episcopado

Hna. Nora Gómez Vargas mt

Hemos caminado a lo largo de este 2021 confrontando la Exhortación Apostólica Patris Corde (Corazón de Padre) con la rica y profunda espiritualidad del Venerable Miguel Ángel Builes.

El 3 de agosto recordamos los 97 años de fecundo episcopado del Venerable. Conviene entonces reflexionar el tema “Padre en la sombra” con la paternidad pastoral que ejerció el Venerable. Dos aspectos tendremos en cuenta: 1 – Miguel Ángel, hijo espiritual; 2 – Miguel Ángel, padre.

1 – Miguel Ángel, hijo espiritual

La biografía de Miguel Ángel señala que el Padre Leonidas Lopera, distinguía al niño que, acompañado de Doña Anita, su madre; frecuentaba la parroquia para participar en la Misa de las 5.30 a.m. El párroco fue descubriendo los talentos de naturaleza y de gracia que germinaban al igual que la estatura en este infante. Así lo escribe en carta al obispo electo de Santa Rosa de Osos el 19 de enero de 1924, en la cual hace sus descargas emotivas y paternales:

¿Conque Miguel Ángel, el hijo querido de mi corazón, el objeto de mis cariños y cuidados desde las primicias de mi sacerdocio; aquel en cuya limpia mirada vi yo clarear desde los cinco años los fulgores de sublime vocación, aquel a quien a los seis o siete, cuando no alcanzaba aún a oírme de rodillas, dije al oído con firmeza -mira hijo mío y escucha atento- CONSÉRVATE PARA DIOS- TÚ SERÁS SACERDOTE DEL ALTÍSIMO; conque el joven en quien puse yo tantos cuidados en su preservación, en su formación, en su educación y conservación como si fuera hijo mío, hasta verlo elevado a la dignidad de sacerdote- ha sido visto desde Roma, por el resplandor de sus virtudes, indicadas por el magnífico y santo obispo de Santa Rosa y ha sido hallado digno de sucederle en aquella sede como OBISPO, para continuar la obra redentora de quien le impuso las manos y supo apreciar tantas virtudes y dotes tan culminantes? Quid retribuam Domino, pro omnibus; quæ tribuit mihi. !BENDITO SEA DIOS, ALABADO SEA DIOS, GRACIAS A DIOS!… Sí, porque Dios mira de lejos a los que son grandes según el mundo, y de cerca a los humildes; porque usted sí puede decir, amado mío, que se le han aplicado estas sentencias: neque currentis, neque volentis sed miserentis est Dei, et misericordiam præstabo cuyus miserebor. Qué satisfacción para llegar a esa alta dignidad pudiendo decir, -ni lo pensé nunca, ni lo busqué, ni lo pedí, ni siquiera llegué a sospecharlo; más Dios lo quiso.

Cierto que yo desde su infancia auguraba para su candor y notables prendas, si llegaba a conservarse, como por misericordia de Dios y cooperación suya se ha conservado, grandes cosas y elevadas cumbres, pero no las llegué a prever tan cercanas; mas, el Señor Crespo ha hecho una obra de justicia digna de su saber, de su grande y virtuoso corazón y del amor con que ha amado esa región y su rebaño, diciendo, como yo lo pienso, a la Santa Sede: ECCE HOMO. Ha honrado a Antioquia, a esa Diócesis y al Seminario, sacando de los últimos confines, en regiones poco deseadas, UN DIAMANTE QUE ESTABA ESCONDIDO, dando luz sí como piedra fina, y mellando la roca del escándalo, pero desconocido del mundo, sin pretensiones, sin deseo de ser conocido ni admirado, por allá oculto en los últimos rincones de la Diócesis ¡Qué acción tan grande y tan digna de eterno agradecimiento por parte del clero y de todo antioqueño que piense bien y medite el acto de justicia que él ha efectuado!

2.  Miguel Ángel, Padre espiritual

No sin sentido nuestra cultura llama al sacerdote “Padre” y en muchos países a la religiosa “Madre”, no en el sentido biológico sino en el espiritual, acompañando, animando, protegiendo, la vida de los niños, los jóvenes y cuantos son confiados a su ministerio pastoral. Dice el Papa “Con la imagen evocadora de la sombra, define la figura de José, que para Jesús es la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos”.

           Cuánta fecundidad espiritual de ese sacerdote, esa religiosa, de tantos hombres y mujeres que, por ministerio sacerdotal, por consagración religiosa, laicos asociados, catequistas, engendran en la fe y en el discipulado a sus hermanos. En la Exhortación Patris Corde, Leemos:

Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir. Quizás por esta razón la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La importancia de saber ser “hijo”. Dice el Evangelio que Jesús descendió con ellos a Nazaret, y estaba sujeto a ellos (Lc 2,51).

Esta afirmación del Papa en la exhortación: Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él.

Miguel Ángel, padre. Confrontemos al Venerable que el 3 de agosto de 1924, en la Catedral Primada de Bogotá, siendo un joven sacerdote, de un pueblo poco más que Nazaret, con un ministerio sacerdotal muy breve, es consagrado Obispo para una Diócesis nueva con dificultades de vías y medios de comunicación; recibe con la Mitra, el báculo y del anillo pastoral, una paternidad orientada a conducir a los hombres a la fe o robustecerlos en ella, es una manifestación preeminente de su paternidad, según la Exhortación Apostólica Pastores Gregis, 26.

En el saludo al Obispo Miguel Ángel, sucesor en la sede diocesana de Monseñor Maximiliano Crespo, el 22 de octubre del mismo 1924, el Obispo da a conocer el programa de su ministerio episcopal:

Vedme pues aquí: Jesús me ha enviado a vosotros como Padre, como Maestro y como Pastor de vuestras almas…  Sí, hermanos carísimos: ser padre es dar la vida; y yo en nombre de Dios vengo a daros la vida misma de Dios, la vida sobrenatural de la gracia; y como una madre llena de ternura, vengo a sostenemos en esa misma vida a los que ya la poseéis, para que no la perdáis jamás. He dicho como una madre, porque si como padre siento en mi ser la potencia generadora que Dios me ha comunicado mediante la consagración episcopal, como madre arde en mi pecho una hoguera, que jamás había sentido, el fuego del amor materno hacia vosotros, y que después del amor divino no tiene otro alguno superior ni en el cielo ni en la tierra. De tal manera, hermanos carísimos, que, si Dios no ha hecho nada en este mundo tan bello, tan fecundo, tan rico y tan delicado como el corazón de una madre, esa belleza, esa fecundidad, esa riqueza y esa suavidad las ha depositado en mi alma el día de mi consagración episcopal.

Hoy siento latir mi corazón al impulso de ese fuego sagrado hacia todos vosotros, carísimos hijos, pero especialmente hacia esta porción escogida que vestida de blanco semeja un ramillete que perfuma y hermosea las gradas del santuario, mis levitas y sacerdotes, para quienes, como Obispo, soy una madre llena de amor y de ternura. ¿Y por qué, hermanos míos?  por qué? Porque si la mayor excelencia del Obispo proviene de esa potencia generadora que sólo Dios posee de hacer sacerdotes, por lo mismo en las profundidades de mi alma episcopal, hay efluvios de amor y de cariño que a los sacerdotes especialmente corresponden, los efluvios del amor y del cariño maternal.

Soy pues, vuestro Padre, hermanos míos; pero por lo mismo que el padre es por imposición misma de la naturaleza maestro y guía de sus hijos, heme aquí como doctor y guía de vuestras almas. La misión que el Cielo me ha confiado a este respecto, es muy sublime: enseñaros a conocer y a amar a Dios, vuestro principio y vuestro fin; enseñaros a conocer la verdad que es Dios mismo y los deberes que os obligan para con El; enseñaros a ser felices en el tiempo y en la eternidad.

Significativo es en esta reflexión lo subrayado por San Juan Pablo II en el N° 1 de la Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis:

“Ésta es la razón fundamental por la que «la figura ideal del obispo con la que la Iglesia sigue contando es la del pastor que, configurado con Cristo en la santidad de vida, se entrega generosamente por la Iglesia que se le ha encomendado, llevando al mismo tiempo en el corazón la solicitud por todas las Iglesias del mundo (cf. 2 Co 11, 28)».

Y en el N° 21 continúa animando a los Obispos a vivir esta paternidad espiritual con todos los fieles encomendados a su pastoreo:

En su solicitud pastoral está cercano con su afecto paterno a cuantos han abrazado la vida religiosa con la profesión de los consejos evangélicos y ofrecen su precioso servicio a la Iglesia. Además, sostiene y anima a los sacerdotes que, llamados por la divina gracia, han asumido libremente el compromiso del celibato por el Reino de los cielos, recordándoles a ellos y a sí mismo las motivaciones evangélicas y espirituales de dicha opción, tan importante para el servicio del Pueblo de Dios… En el contexto social actual, el Obispo debe estar particularmente cercano a su grey, y ante todo a sus sacerdotes, atento paternalmente a sus dificultades ascéticas y espirituales, dándoles el apoyo oportuno para favorecer su fidelidad a la vocación y a las exigencias de una ejemplar santidad de vida en el ejercicio del ministerio…
Con su palabra y su actuación atenta y paternal, el Obispo cumple el compromiso de ofrecer al mundo la verdad de una Iglesia santa y casta en sus ministros y en sus fieles.

También-añade el Papa Francisco en la Patris Corde- la Iglesia de hoy en día necesita padres con la lógica del amor que es siempre una lógica de libertad, y José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre; la realidad apremia, las circunstancias lo reclaman. El Papa  puntualiza: Siempre que nos encontremos en la condición de ejercer la paternidad, debemos recordar que nunca es un ejercicio de posesión, sino un “signo” que nos evoca una paternidad superior.

El quinto censor teólogo a quien le fue entregada por la Congregación para las Causas de los Santos, la Positio del Siervo de Dios Miguel Ángel, vio en la fecundidad fundacional del Venerable la más clara expresión de su paternidad espiritual, la proyección misionera del ejercicio de las virtudes heroicas. Se expresó así:

El nivel de fe propiamente heroico en la vida del Siervo de Dios surge del hecho de que no se limitó a cumplir generosamente su ministerio pastoral ordinario. Desde los primeros años de su episcopado, él respondió a las apremiantes necesidades pastorales que percibió a través de la fundación de varias congregaciones religiosas femeninas…

 Las alturas de la virtud de la caridad en la vida del Siervo de Dios surgen en su amor por los pobres a quienes vio y conoció directamente, pero también por aquellos a quienes nunca conoció, pero por quienes se preocupó. Este cuidado no se limitaba a la emoción empática, sino que tomaba la forma de acción concreta, sobre todo en la organización de seminarios y congregaciones misioneras que podían responder a las necesidades de los pobres, incluidos los pueblos indígenas, en una medida en la que ninguna persona en particular podría hacerlo sola.[1]

Ante la escasez de evangelizadores por el Bajo Cauca y camino a Remedios en el Nordeste antioqueño, el Obispo misionero escribió en las Crónicas misionales:

Extasiada nuestra mirada ante aquel doble espectáculo de la naturaleza, sublimemente hermosa aquel día, sereno el cielo, vestido de un color que no era azul celeste sino gris muy suave, y de las almas que en Pato y en Cauca y en el Nechí y en Gua­mocó y en todas aquellas selvas sin fin se pierden para siempre porque no hay quién les evangelice a Cristo, sentimos nostalgias de algo grande, algo nuevo, de misioneros por millares que do­men aquellas selvas bravías y claven en la cima de las monta­ñas azules y en el fondo de los valles verdinegros la insignia san­ta de la redención.[2]

El Papa Francisco anima a la Vida Consagrada en el marco de la celebración de la 50° Semana de Vida Religiosa, a no tener miedo a los límites ni a las fronteras y periferias. Lo contrario, subrayó el Papa lleva a la esterilidad de algunos Institutos:

“Se comprende consagrándose cada día. Se comprende en el diálogo con la realidad. Cuando la vida consagrada pierde esta dimensión de diálogo con la realidad y de reflexión sobre lo que sucede, empieza a hacerse estéril. Yo me pregunto sobre la esterilidad de algunos institutos de vida consagrada, ver la causa, generalmente está en la falta de diálogo y de compromiso con la realidad. No dejen esto. Siempre la vida consagrada es un diálogo con la realidad”

DESAFÍOS

  1. ¿Cómo asumo en mi vida de discípulo y misionero y según la inspiración carismática del Venerable Miguel Ángel esta dimensión de la paternidad espiritual?
  • Esta característica Padre en la sombra presenta a San José como al Padre que lo auxilia, lo protege y no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos. ¿Son estas las acciones que ejercemos en nuestras Obras Misioneras con las personas que nos son confiadas?
  •  Si ponemos el termómetro de la fecundidad espiritual a nuestros Institutos, Parroquias, grupos apostólicos, ¿cuánto marcará? De uno a 10 sabiendo que 5 es deficiente; 6 es aceptable; 8 es bueno y 10 es excelente?

[1] [Traducción del inglés] CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, relatio et vota congressus peculiaris super virtutibus die 6 decembris an. 2016habiti, Voto V, Roma 2018, p. 66.

[2] BUILES M.A, Visitas Pastorales en tierras de misión 1934, pp. 89-90.

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