Sin fuego no hay vocación ni misión

Mujeres Kenianas

Mujeres Kenianas

En las familias se gestan las vocaciones  y los ideales elevados. Las altas temperaturas de fe, de oración y de escucha de la palabra de Dios, en el seno de las familias,  producen incendios en su vida espiritual y las empujan a las alturas de lo altamente humano y  divino, fabricando vocaciones. Temperaturas medias y tenues no  conducen  la familia  a los bienes de arriba donde está Cristo Jesús.

Urge fomentar en la familia, el ambiente propicio, para que Dios toque sus miembros, si toca, quitará los miedos, la frialdad y la indiferencia, y  suscitará sus mensajeros, y la palabra de Dios resonará y se experimentará como los discípulos de Emaús, como el día de Pentecostés, y como el fuego que Jesús vino atraer para que ardiera. Todo lo que Dios toca se incendia y produce incendio. Los incendios de Dios llevan a anunciar y hacer presente el Reino de Dios  .Sin el querer y la participación de la familia no hay nada.  Busquemos que eso se dé ardientemente. Y que la familia sea el terreno propicio para gestar, discernir y optar vocacionalmente.

Hemos aprendido, que las altas temperaturas destruyen los microbios y que prueban la calidad de los metales. Lo mismo el fuego del espíritu de Dios en la vida de la iglesia, manifestado en  nuestra fe, en  nuestras convicciones, solidificando nuestra vida en Cristo.  Ese fuego produce santos, mártires, profetas, apóstoles…Ese fuego no nos  deja construir la torre de babel, sino la torre de la unidad, en el entendimiento y no en la confusión de lenguas. Invitándonos siempre, a revisar sobre que cimiento construimos.

Los incendios se traducen en optimismo, en la alegría y en el gozo,  por la recepción y anuncio del evangelio. Una iglesia domestica que no incendia, sino que apacigua y concilia, no es misionera .Esa postura no es ni fría ni caliente, más bien produce vómito. Esto tiene referencia a cada cristiano,  a la familia, a las instituciones y organizaciones de la iglesia, que se limitan a prestar servicios y no a generar  incendios de vida de Dios.

Invitamos a toda la iglesia, a una gran cruzada vocacional. En esto, el concilio urgió al laicado, asumir y tomar parte en esta tarea. Despertemos. Ya es tiempo que los laicos asuman su tarea en el trabajo vocacional, y que  le presenten a la iglesia, los candidatos a la vida consagrada, claro que dentro de un sano discernimiento y  una buena selección. Procuremos, promover los sacerdotes y religiosos que añoramos. Qué bueno que aquellas vocaciones surgidas en el seno de nuestras familias se las presentemos a Dios como una donación amorosa y generosa.

Padres de familia, háblenle a sus  hijo sobre el valor de la vocación a la vida consagrada. Propónganle, sugiéranle, dentro de una gran libertad, así como lo hacen cuando le sugieren y le proponen una determinada carrera. Ustedes tienen un deber con la iglesia. Si necesitan  a los consagrados y aman a la iglesia háganlo. No priven a la familia, de las gracias y bendiciones, que ésta generosidad conlleva .Sigan como cristianos produciendo los incendios de Dios, en las personas, en la familia, en las organizaciones, en las instituciones, en todos los ámbitos.

Qué bueno que todos los hijos de la iglesia, le dediquemos todos los   días un minuto, para pedirle a Dios, nos regale, los obreros que necesitamos en su la iglesia, de manera especial en los territorio de misión, donde Cristo no es conocido. Que nos regale muchos y santos misioneros. Él mismo nos ha dicho: “Rueguen al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Ojalá que esta oración resuene en todos nuestros hogares y en todos los lugares donde nos encontremos.

Oxigenemos nuestra vida cristiana y vocacional, repitiendo con frecuencia a manera de rezo, la estrofa de este canto: “Háblame,  Señor, si estoy durmiendo, que yo como Samuel responderé; si útil puedo ser hasta la muerte, ordena lo que quieras, yo lo haré”.

Gregorio José Sejín Rodelo mxy
Animación misionera Medellín

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