«Toca» tierra, «toca» lago

Es así como nos ponemos de acuerdo los padres que atendemos la Parroquia San Juan el Bautista en la Cuidad de Siem Reap en Camboya. Cada ocho días después de haber atendido la parroquia durante la semana nos vamos a visitar y a celebrar la Eucaristía con las diferentes comunidades que nos esperan con gran gozo siempre. Tenemos dos comunidades en “tierra”: Peak Snaeng) y Ta Om, esta última, de las comunidades más antiguas de Camboya, con un templo de estilo francés, uno de los pocas que no fueron destruidos durante la guerra. En el lago tenemos tres comunidades más: Prek Toal, Chong Kh´nies  y Kompong Khleang, ubicadas en las aldeas flotantes del lago Tonlé Sap. Estas aldeas están integradas por emigrantes vietnamitas dedicados a la pesca en el lago, una de las reservas de peces más grandes del mundo.

¿Cómo se siente?

Para un recién llegado, como yo, la misión en Camboya ha sido un gran desafío. Eso de la inserción, del proceso de la lengua, eso que llamamos inculturación y que me pareció tan provocativo durante mis años de formación en el seminario, me ha resultado casi que podría decirlo sin ningún temor como un desarraigo, el choque cultural es inevitable y a veces, cruel.

¿Qué ha significado para mí este primer año de experiencia misionera?

Aprender de la cultura ha sido el primer gran desafío, aprendizaje que exige mucha humildad. Se inicia por el aprendizaje del idioma. El inicio es duro. Recuerdo mis primeros días en Camboya cuando escuchaba el idioma Khmer todo me sonaba igual. Al principio todo te desborda, todo es bello y digno de admirar, luego comienzas a comparar la cultura desde lo que tienes y eres y aparece el desencanto. Entonces llegan las famosas frases: No hay como lo de uno. Al marrano con lo que lo criaron.  Después llegan los amigos y entonces la resignación se hace más amable porque ya comienzas a crear lazos y todo comienza a renacer. Te sientes valorado y apoyado, ya comienzas a valorar las diferencias, pues al fin y al cabo lo afectivo es más efectivo.

Aprender a ser Sacerdote. La gente normalmente nos llama “lok áu Pok”, que quiere decir algo así como Señor Padre. El sentimiento es especial pues te tratan con respeto y dulzura. La identidad sacerdotal es también un proceso, díganmelo a mí que apenas llegandoya acompaño una comunidad pequeña y creciente que reclama cuidados. La paternomaternura que es propia de Dios debe ir poco a poco calando en mi corazón.

Todavía soy muy paisa y es un compromiso de cada día tener un balance. ¿En qué? En los usos, modos y costumbres. Lo que para mí es normal para los otros puede no serlo. Visitar las aldeas y celebrar la Eucaristía en su propia lengua me llena de gran gozo espiritual. Quisiera hacer muchas cosas pero el lenguaje es aún una limitación. Paciencia, silencio, impotencia han sido los primeros sentimientos de esta brega en el Asia. Aprender a ser Sacerdote en esta cultura exige un nuevo nacimiento.

Al sacerdote en Camboya lo comparan con el monje. El monje budista es un hombre que vive en la pagoda, madruga a las cuatro de la mañana, demás que a meditar, después de las 11.30 am no pueden comer absolutamente nada y a veces se les ve en las calles de dos en dos esperando al frente de las casas o negocios para orar o bendecir a las personas. Después de las oraciones la gente les da dinero y comida a modo de ofrenda. Ellos no son mendigos! Yo de monje solo tengo la Calva.

El anonimato es una frecuente en nuestro ministerio porque vivimos, nos movemos y existimos en un país donde el 97% de  la población es Budista. Poco saben de la religión católica aunque por la dominación francesa muchos, sobre todos los más antiguos, tienen una gran herencia espiritual. El resto de los camboyanos al menos distinguen el crucifijo y dicen Preah-Jesú!

Una pequeña anécdota

Siem Reap es un destino turístico en Camboya por los famosos templos de Angkor Wat. Muchos turistas vienen cada año a visitar esta cultura, de hecho los mismos Camboyanos no pierden oportunidad para venir a pasear a este lugar pues verdaderamente vale la pena. Hace dos semanas unos amigos de Battambang vinieron a pasear. Nos encontramos en la noche y fuimos a cenar a un restaurante Khmer de esos donde uno mismo prepara la sopa. Estando allí un joven le preguntó a Sopheap, mi amiga: ¿Y qué hace él?, Osea yo. Ella le contestó: Él es un sacerdote católico. El joven quedó en las mismas. Entonces le dijo: ¿pero qué es eso? explíqueme que quiere decir eso. Ella no encontró otro recurso que decir esta frase que casi me mata. Le dijo algo así como: Es alguien que no puede Amar. Todo eso lo hablaron en Khmer pero por supuesto, yo lo entendí todo. Yo quería corregirla inmediatamente pero primero me toco cranear el discursito en mi cabeza y con el pobre Khmer que tengo la invité a volver sobre la discusión. Al final comprendió que aunque no puedo casarme con una mujer ni tener hijos si puedo amar y mi amor es para todos.

A veces “toca” tierra, a veces “toca” lago pero no es porque toque sino porque la misión es lo que amamos.

Luis Carlos Cano V. mxy
Misionero en Camboya

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