Un puente de dignidad

El mundo será de quienes mantengan su disponibilidad abierta a las alianzas. Ante un mundo universo tan complejo, se nos presenta la posibilidad de tender manteles y formalizar acuerdos, convenios, pactos que hagan viable nuestro futuro. En lugar de ahondar abismos, buscamos construir puentes. Y, ¡qué mejor si  esos puentes se sustentan sobre la base de la dignidad humana!

Los Misioneros Javerianos de Yarumal abren una casa en Bruselas para ampliar el horizonte de la Animación Misionera en el Viejo Continente con un Programa llamado GAM (grupo de apoyo a los mensajes). ¿Y para qué? Para formar la conciencia del Pueblo de Dios en esos mundos atardecidos de cansancio, para abrir los ojos al dolor de humanidad en otras latitudes, culturas, razas, universos plurales, diferentes. O para tender un puente entre la abundancia y la poquedad abismal o entre iguales que buscan hacer de este mundo algo posible, viable, realizable.

El principio del “Compartir” es la razón de esta casa y su proyecto fundacional. La cultura boliviana tiene como columna relacional el hecho simple “del compartir”. Es igual a solidaridad, el priorizar el ‘dar’ antes que el ‘recibir’, a entender que nadie es tan rico que  no pueda recibir algo y que nadie es tan pobre que no tenga algo para dar. Y los pobres damos sobre todo, alegría, unidad, el sentido de la fiesta, el amor y respeto a la Pachamama, la virtud esperanza.

Si bien, el proyecto javeriano de Bruselas se inició con  miras a tender un puente entre Europa y África, ahora ha dado una mirada hacia América Latina y ha escuchado el clamor de mi Parroquia Virgen de Fátima en Cochabamba, Bolivia. El primer pasito ha sido con el Proyecto “INSERCIÓN LABORAL PARA LA MUJER QUE HA SUFRIDO VIOLENCIA FAMILIAR”. Como el título lo indica va en ayuda de mujeres que padecen el síndrome de la violencia.

Decir ‘violencia’ en nuestro hábitat es sencillamente definir un lugar común, yo diría, hecho al dolor o de dolor, en un abanico  multivariado y plural en donde la violencia es pan de cada día, lenguaje único, conducta permanente, clamor que grita al cielo. La población más afectada es la mujer, la niñez y el adulto mayor.

Los datos hablan por sí mismos. Son elocuentes y conmovedores: Un informe de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV), de mediados del año 2016, habla hasta de dieciocho casos de violencia en veinticuatro horas en Cochabamba. La violencia tiene expresiones diversas: Feminicidio, violaciones, mal trato físico y psicológico indiscriminado, abuso de niñas, el abandono de los niños y niñas, la discriminación racial, la inequidad contra la mujer en el trabajo y en sus salarios.

Pero hay otro problema que hemos querido afrontar con el Proyecto  en  nuestro trabajo pastoral: La soledad de la mujer. ¡Y qué inmensa soledad! Ella afronta el abandono de parte de su pareja, la falta de interacción social entre pares, asume por sí  misma y en abandono total, el cuidado de sus hijos e hijas,  su alimentación, vestuario, viviendo muchas veces en cuartos en alquiler y  su educación.

El proyecto entre GAM  y la Parroquia Fátima ha generado grupos o círculos de trabajo con las mujeres que han sido víctimas de la violencia. En algunos casos, nos hemos convertido en facilitadores para insertarlas en el mercado laboral o facilitando instrumentos para un desempeño laboral independiente que en nuestro medio se matiza en o bajo la informalidad. Con ello reivindicamos sus derechos, su dignidad, sus relaciones sociales, fraternas y solidarias con personas que han sufrido las mismas secuelas.

Hemos logrado que un grupo de mujeres asuma por  propia iniciativa, por cuenta y riesgo propio, la dirección, organización y cultivo de valores de dos Centros Infantiles de la Parroquia. Otras lo van haciendo en frentes de trabajo comunitario en algunas empresas de la ciudad o en servicios domésticos.

El grupo de mujeres comienza a mirar de una manera diferente no sólo sus vidas como personas, sino también su hogar, su relación con sus hijos e hijas, el cuidado del medio ambiente, la educación en valores en el entorno familiar, el uso de su tiempo y la necesidad del descanso en familia. Todos estos son aportes valiosos que va implementando el Proyecto como una reivindicación de derechos, una conquista de dignidad en esta escuela novedosa que hace de la Parroquia un centro de aprendizaje permanente.

El Papa Francisco  nos ha apalabrado sobre la “cultura de la ternura”. Su propuesta es la que nos ha llevado a tender este puente entre la GAM y la Parroquia Fátima. Es un puente de dignidad. Y dado el encanto de la mujer Cochabambina, es el puente de la ternura. Es el rescate del corazón, hacerlo el centro de nuestra vida parroquial, hecho mujer. Por eso  nos duele toda violencia, todo mal trato.

En nuestro proyecto la ternura tiene su fortaleza en la denuncia. Hacer de la mujer voz cantante y sonante de los atropellos por parte de sus victimarios, e incluso, de su silencio. Un silencio que ha estado reprimido y que ahora, con la conciencia fortalecida en su formación y en su lucha, comienza a dar voces de clamor, de justicia, de responsabilidad a quienes han violentado y simulado en mil formas a la mujer en nuestro hábitat.

Somos conscientes de que esta andadura es lenta, que exige paciencia, constancia, evaluación permanente e implementación de recursos humanos y financieros para seguir acompañando el proceso. Los resultados van siendo positivos. Pero las dificultades se agrandan con el tiempo. La parroquia con sus instancias de formación y acompañamiento seguirá impulsando y ampliando estas metas.

Somos agradecidos con Dios quien por  medio de GAM nos brinda esta posibilidad de abrir nuevos frentes de trabajo y de concientización entre nuestra feligresía. Debajo del puente seguirá creciendo el caudal de muchos más problemas y de más desafíos, pero tendremos ya suficiente fuerza e iniciativa para superarlos. Gracias.

Cochabamba

jesús e. osorno g. mxy

 

 

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