Tres grandes de nuestra historia

La casualidad no existe, la providencia es lo cierto.  Todo es coincidencia, y esto porque Dios anda  bien enredado en el tiempo y en el espacio y es lo que hace que cada segundo caiga en la eternidad y cada fragmento se hunda en el infinito.  Es esta seguridad de la providencia, este Dios tan dentro de todo, esta eternidad de cada cosa, este infinito en cada rincón, lo que nos hace celebrar y hacer fiesta, lo que nos hace dar gracias y soñar el futuro. Así es que estamos contentos por los 90 años de nuestro Instituto, por el presente, por el pasado, por el futuro, de esta obra del Señor y de nosotros.

A mí, que poca historia javeriana tengo y que apenas me estoy entrando, se me ocurre celebrar esta fiesta sobre los recuerdos, algunos dirán reliquias, de  tres grandes de esta historia, siempre más grandes mientras más aniversarios: Miguel Ángel, Jesús Emilio, Gerardo… a propósito les quito títulos y los dejó así escuetos y en esencia, y es que, a menos reverencias más clara la obra de Dios, a más vacío mas sustancia.

Miguel Ángel, 90 años de un sí suyo que es todavía más viejo que El Contento, y que se oye ya en el corazón de ese muchacho campesino, seminarista devoto,  pastor cuidadoso de la Iglesia, que se dejó despertar por el Espíritu Santo y que se dejó llevar.  Ya que casi lo canonizamos, recordémonos que un santo no es el que hace todo bien y no se equivoca, un santo es el que se pone en las manos de Dios con lo que es y tiene, también, y sobre todo, con sus límites.  De este dejarse llevar, de estos límites que en apariencia no le dejaban ser santo, de ahí, Dios sacó su obra y eso es lo que hoy hay que agradecer: su Remedios se nos volvió mundo entero; su Nechí tiene ya las aguas de muchos ríos y de mares inmensos; en su Santa Rosa no hay ya sólo osos, y se ha llenado también de leones africanos y tigres del Asía; sus batallas, enfrascadas en una Colombia de partidos, ahora son las batallas de muchos misioneros por la dignidad y la alegría de toda la tierra; su Iglesia afligida entonces por concordatos en cuestión, abraza ya los derechos de todo hombre y mujer en los continentes del mundo.  Lo poco de Miguel Ángel, se va, siempre más, volviendo mucho, esa semilla es ya árbol y dará todavía muchos frutos.

Gerardo, el hermano Gerardo.  Uno tiene que ser muy  grande y muy pequeño a la vez para que lo recuerden a uno como un hermano, para que le quiten los añadidos y lo dejen a uno en su sustancia, en eso de ser familia, de ser de la misma sangre de todos, de estar tan cerca y hasta tan dentro.  Estos 90 años están bien alumbrados por la luz de este hermano que nunca se propuso ser bombillo de nadie.  El simplemente, “con Dios a la madrugada”, que no era simplemente un programa radial, se conectaba a la  verdadera electricidad y se volvía luz para todos y es luz en nuestra historia.  Nada de su profecía, de su pobreza, de su opción por los degradados, de su misión en los márgenes de esta Colombia que siempre ha excluido, de los malos entendidos y contradicciones que sufrió, de su muerte y todo lo que de ella se dice… nada de eso hubiera sido posible sin la corriente a la que estaba pegado.   Creo que es el hombre con más fama de santidad en el Instituto:  el pueblo de Dios, al que hace ya muchos siglos le quitaron su prerrogativa de canonizar, lo tiene ya por santo y no tiene dudas y necesidad de más milagros y testigos.   Con él, el Instituto será místico o no será; en este hermano, me atrevo a decirlo, está la clave de nuestro futuro.

Jesús Emilio, nuestro mártir.  Este misionero, que hablaba y derramaba gracia de su boca, es el que nos ha dado la alegría más grande en este año jubilar.  Fue el escogido para darnos el regalo por las bodas que celebramos, por ser ya nonagenarios.  Su pronta beatificación, esa seguridad que nos da la Iglesia de su abandono en las manos de Dios, esta ya casi a las puertas.  Sería triste celebrar esta fiesta sin nunca haber dejado la sangre en el suelo y en el alma de nuestra Colombia tan asesinada y tan llena de vida.  La vida nos viene de cada muerto que nos matan y, a gloria nuestra, Jesús Emilio es uno de ellos; un pastor que dio la vida por la gente, un amigo con el amor más grande.

90 años, un misionero, un místico, un mártir.  La fiesta es grande, la gratitud es mucha.  Sí, Dios se enredó en nuestro tiempo y espacio y esto es salvación. El presente es todavía desafío y el  futuro es promisorio.  Felicidades para nuestro Seminario de Misiones Extranjeras de Yarumal.

Jairo Alberto Javier mxy
Misionero en Kenia

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