Entrevista a Monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez
Obispo de Istmina-Tadó, en Colombia
Director Nacional de Obras Misionales Pontificias de Colombia
Vice – Postulador de la causa del Venerable Miguel Ángel Builes Gómez,
¿Quién fue Monseñor Miguel Ángel Builes Gómez
El Excmo. Monseñor, Miguel Ángel Builes Gómez, Obispo de Santa Rosa de Osos, en Colombia, fue uno de los hombres más prominentes de la historia, civil y eclesiástica, de nuestra tierra. Como ciudadano, profundamente encarnado en la realidad de nuestro país al que quiso y defendió con ahínco y perseverancia, causándolo muchos sinsabores e incomprensiones; como eclesiástico, fue un verdadero hombre de Dios, íntegro, defensor hasta el final, sin eludir la posibilidad del martirio, de los intereses de Dios y de la Iglesia, pastor solícito y cercano a sus fieles, buscador insaciable de la santidad, intrépido misionero y fecundo fundador de Congregaciones Religiosas.
El papa Francisco ha aprobado que se publique un decreto sobre las virtudes que Monseñor Miguel Ángel Builes Gómez vivió en grado heroico, ¿podría hablarnos de algunas de ellas?
Me sumo al gozo de toda la Iglesia de Colombia y, particularmente de la Iglesia local de Santa Rosa de Osos, del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, IMEY; de la Congregación de Hermanas Misioneras de Santa Teresita del Niño Jesús; de la Congregación de Hijas de Nuestra Señora de las Misericordias; del renacer de la rama contemplativa de las Hermanas Misioneras de Santa Teresita, ante la feliz noticia que hemos recibido del gran avance en la Causa de Beatificación y Canonización de Monseñor Miguel Ángel Builes Gómez, al ser reconocida la vivencia heroica de las virtudes teologales y cardinales y, por esta gran verificación, poder dirigirnos a él como VENERABLE. Gracias infinitas al Dios de toda bondad, al Santo Padre, el Papa Francisco, a la Congregación para la Causa de los Santos y al Postulador y Vice-Postuladora de esta causa que nos proporciona hoy tanta alegría.
Las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, brillaron en toda su plenitud e intensidad en la vida y ministerio sacerdotal y episcopal de este hombre de Dios. Todo en él habló de su profunda fe, acendrada esperanza y sólida caridad. Esta vivencia abrió el camino para que él viviera con especial atención cada una de las virtudes cardinales. Su prudencia lo hizo mantenerse firme en un prolongado episcopado; brilló en la aplicación de la justicia, con profundo respeto hacia el querer divino y con corazón cercano y pleno de comprensión hacia la condición humana. Supo y vivió lo cambiante del corazón humano, acercándose a sus vicisitudes y obrando con rectitud, en atención a la justicia divina. La virtud cardinal de la fortaleza brilló con prolongado esplendor durante 57 años de vida sacerdotal, haciéndolo perseverante y decidido. La virtud cardinal de la templanza, vivida con heroicidad y gran convicción, lo acreditan como un hombre coherente, sensible a lo humano sin que fuera blando y frágil al momento de asumir convicciones de alejamiento de todo lo que fuera peligroso para conservar la noble virtud. En toda su vida, en general, fue un hombre de oración; humilde en su relación con Dios y con sus hermanos; ecuánime y alegre. La santidad fue su noble obsesión, búsqueda que jamás ocultó y que transparentaba constantemente en sus actos, en sus predicaciones, en sus escritos y, en general, en todo su pastoreo episcopal.
¿Por qué la diócesis de Santa Rosa de Osos decidió abrir su proceso de canonización?
En 1988, la Diócesis de Santa Rosa de Osos vivía una gloria y esplendor a nivel de Iglesia de Colombia y la razón fundamental era que hacía poco (29 de septiembre de 1971) había pasado a la eternidad su segundo Obispo Diocesano, Monseñor Miguel Ángel Builes Gómez, cuya vida y ministerio sacerdotal y episcopal, fue un fiel trasunto del Evangelio de Cristo y de cumplimiento, sin par, del mandato misionero de Cristo Resucitado (Cfr. Mc. 16, 15; Mt. 28, 19ss). Comprendió entonces su sucesor, Excmo. Monseñor Joaquín García Ordóñez (+29 de diciembre de 1995) que la grandeza y esplendor de la Diócesis era resultado de una pastoreo fecundo y santo de un Obispo, Fecundo y Santo. Esta convicción personal de él y de muchos, era, por supuesto, necesaria ponerla a consideración de un estudio detallado y prolijo de la Iglesia Universal a través de la Congregación para la Causa de los Santos. Lo inició y aquí estamos recogiendo frutos sazonados que esperamos, con la gracia de Dios, recibirlos plenamente maduros y ya, con el dictamen final de la Iglesia, poder presentarlo a Colombia y al mundo como el gran Obispo Misionero de Colombia.
¿Qué significa que el papa Francisco haya declarado “venerable” a Monseñor Miguel Ángel Builes?
Es un reconocimiento muy significativo que fortalece en él, en el Santo Padre, la convicción que en Colombia existieron y existen verdaderos y auténticos hombres de Dios. Este reconocimiento, que asegura en el Santo Padre esta convicción, nos compromete a todos los colombianos actuales, a no ser inferiores en la medida del amor y del compromiso que exigen el Evangelio de Cristo. El Papa nos dice con este reconocimiento que Colombia debe asumir, con renovado vigor y gran alegría, el compromiso de la misión ad gentes, ir allí donde el nombre de Cristo aún no ha llegado e implantar la Iglesia de Cristo para que la causa del Evangelio sea posible en el mundo entero. El Papa reconoce el valor misionero y valiente de Monseñor Miguel Ángel Builes Gómez y los invita a imitarlo. Es un compromiso para toda la Iglesia de Colombia.
Como Vice-Postulador de la Causa de Canonización del “Venerable”, ¿qué es lo que más le impresiona de Monseñor Miguel Ángel Builes?
Trato de comprender, leyendo sus escritos y recorriendo su fecundo ministerio sacerdotal y episcopal, cómo un hombre, frágil y enfermizo, sin laureles académicos y sin pergaminos universitarios, alcanzó semejante cima de ardor misionero y entrega evangélica y concluyo que todo en él, desde un comienzo, desde su formación en el Seminario, fue una clara y decidida determinación en bien de la salvación de sus hermanos. No de otra forma se entiende cómo le rindió el tiempo; cómo concibió obras, hoy humanamente quijotescas y cómo las llevó adelante; cómo supo sobrellevar tantas dificultades y tantos tropiezos. Y concluyo, con rendida admiración, que la virtud de la santidad adornó toda su vida y todos sus propósitos. Cuando llegue el momento oportuno y la Iglesia reconozca su santidad, será un modelo que impulsará toda la obra misionera de la Iglesia de Colombia y de la Iglesia universal.
¿Se hizo tradicional en Colombia y fuera del país, designar a Monseñor Builes como «el obispo misionero». ¿por qué?
Porque lo fue. No es un reconocimiento vacío y un apelativo sonoro. Es una gran verdad. Mucho antes que la Iglesia lo dijera explícitamente en el Concilio Vaticano II (Cfr. Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad Gentes) Monseñor Builes estaba convencido que su acción pastoral no podía encerrarse en los estrechos límites de una Iglesia particular sino que estaba abierto para el mundo entero, especialmente para ir donde los que aún no sabían nada de Cristo, ad gentes, y llevarles el Evangelio de la Salvación. Esta convicción teológica, hecha vida en la acción pastoral alcanzada con sacrificio y decidida entrega en bien de la salvación de los que más pudiera, lo hace merecedor de este título de reconocimiento: EL OBISPO MISIONERO DE COLOMBIA. En Colombia así lo sentimos y, ya desde la vida de Monseñor Miguel Ángel Builes Gómez, lo sintieron Ecuador y Venezuela. Hoy son tantas las naciones de América, de Europa, de África y de Asia que saben de él y aprecian y admiran su dilatada mirada y su acción evangelizadora que hasta ellos está llegando. Esta es la verdadera misión ad gentes.
Para que la Iglesia pueda declarar beata a una persona, es necesario comprobar que mediante su intercesión se ha conseguido un milagro, ¿se atribuye algún favor milagroso a Monseñor Miguel Ángel?
Son muchos los favores que tantísimas personas atribuyen a la intercesión del gran Obispo Misionero de Colombia, pero esto, en ningún momento, nos ha dado pie para llamarlo santo. Confiamos poder, ahora como VENERABLE, presentarlo a nuestros fieles como un seguro intercesor ante Dios de sus necesidades, y estar atentos a recibir y estudiar, con el favor de la Iglesia, esos hechos y, comprobados, esperar el dictamen final de la Iglesia. Lo hacemos con gran esperanza y profunda seguridad. Dios, Padre de Amor y Misericordia, Dios de todo consuelo, nos concederá la inmensa alegría, a través de su Iglesia de poder, en algún momento, poder aclamarlo como el SANTO OBISPO MISIONERO DE COLOMBIA. Esperamos confiados que, a través de su intercesión, sucedan muchos hechos milagrosos que ratifiquen en todos nosotros esta convicción y le permitan a la Iglesia universal darnos este gran regalo espiritual.
Hna Nora Gomez Vargas MT
Postuladora causa MAB