Distantes pero emocionalmente conectados

A partir de la pandemia el ritmo de vida al cual nos habíamos acostumbrado cambio dramáticamente. Muchas estructuras de carácter social, pastoral, económico y académico han tenido que reajustarse a una nueva normalidad. Cuando las iglesias cerraron en Estados Unidos, mucha gente sintió el impacto del distanciamiento y el encierro, que ha sumido al país en una grave crisis de salud mental. Sin embargo, con los cambios inesperados surgieron inesperadas y saludables iniciativas. Muchas personas han encontrado en las redes sociales, en aplicaciones y en diversas plataformas un espacio nuevo de encuentro, de oración, de solidaridad, de celebración de la fe. Lo que parecía un distanciamiento social se convirtió más bien en un distanciamiento físico, que es el término que muchos consideran más apropiado para designar la importancia de cuidarnos unos a otros permaneciendo en casa o guardando el espacio apropiado y las precauciones necesarias.

El virus nos despojó de algo muy preciado que es el contacto físico; un estrechón de manos, un abrazo, un beso, una caminata juntos. También nos enseño que podemos estar físicamente distantes pero emocionalmente conectados. Las veces que me he comunicado con muchas personas, ya sea pacientes del hospital, familiares y amigos, parroquianos y gente de la misión es interesante escuchar como esta crisis ha estrechado los lazos de comunicación de muchas familias, quizá mucho más que antes. En este nueva normalidad el reto es permanecer en contacto, acompañarnos, orar unos por otros y compartir virtualmente mientras aguardamos con optimismo el regreso a un compartir físico tan necesario e importante para todos.

NOTIMISION

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