“Salió el sembrador a sembrar. Y sucedió que al sembrar, una parte cayó al borde del camino. Vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra. Brotó enseguida, porque la tierra era poco profunda. Pero, en cuanto salió el sol, se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre cardos. Crecieron los cardos, la ahogaron y no dio fruto. Otra parte cayó en tierra buena. Creció, se desarrolló y dio fruto: el treinta,, el sesenta, y hasta el ciento por uno” (Mc 4, 3-89.
Cada cristiano, es escogido por Dios, para darle la salvación en Cristo. De manera imperativa lo convierte en un Sembrador y Acompañante de su hermano, como comunicador de gracia, animador de salvación y mensajero de esperanza. Y no sólo eso, sino a despertar las vocaciones, que se consagren, como religiosos, sacerdotes y misioneros, a fin de mantener vivo, el sentido de Dios en el mundo, y la conciencia de los dones recibidos por pura gracia. Jesús nos dijo:”rueguen al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.
Necesitamos esos consagrados, que nos señalen de manera permanente el camino cristiano: de cruz, de resurrección y olvido de sí, por Cristo, con Cristo y para Cristo. Que estas vocaciones, no escaseen por negligencia nuestra. Pongamos mano a la obra. No olvidemos que la naturaleza no da saltos. Todo tiene un proceso. Esto también tiene un proceso. Esto no lo podemos omitir. Sin proceso no se fraguan las vocaciones y si se fraguan, se truncan, se frustran, no producen los frutos deseados .Esto es tarea de todo cristiano. Esto es compromiso de todos.
Estas vocaciones necesitan, que pongamos al servicio de este trabajo, las herramientas que poseemos: nuestras aptitudes, nuestras habilidades y nuestras cualidades. ¡Maravilloso!. ¡Cuánto bien haríamos!. Cuántas luces daríamos, para remover todo lo que se ha endurecido: posturas intransigentes, vicios, caprichos, gustos, pareceres. Cuántos jóvenes no han podido dar el paso por el egoísmo de muchos .Preguntémonos cuánto bien hemos dejado de hacer en la iglesia, en mi iglesia, de manera consciente e inconsciente. Hagámoslo. Dios lo recompensará y lo devolverá con creces. De cuántas gracias y bendiciones nos hemos privado por esa actitud poco generosa.
Estas vocaciones requieren de una buena planta y una buena planta requiere de una buena semilla. Es bueno saber de qué granero viene y a que proceso la debemos someter, como también a que clima y suelo corresponde, para lograr el fruto deseado. La familia no deja de ser el terreno, donde mejores semillas se producen y en donde mayor resonancia tiene la fe, la oración y la escucha de la palabra de Dios. Es en este ambiente donde Dios suscita con mayor fuerza y profundidad las vocaciones: Sacerdotes, Reyes y Profetas. La familia no deja de ser tierra preparada para la buena semilla.
Se Necesita, que las vocaciones sean regadas, con el contacto permanente de la palabra de Dios, para recibir el espíritu de Dios, el pensamiento y el sentimiento de Dios. Necesitamos que la humedad de Dios, las mantenga fresca y las conserve verde. Necesitamos que la palabra de Dios, impregne su espíritu y su vida. Esta es la mejor agua. Agua viva que da vida. Esta agua asegura la vida que dará el consagrado.
Se Necesita que las vocaciones tengan nutrientes. Se requiere de la oración perseverante y confiada y de la práctica de los sacramentos, como los surtidores de la gracia. De la buena lectura, de aquella que alimenta y de ganas de volar. La participación en la Eucaristía y algunos actos de piedad. Participación en actividades sanas y recreativas. Participación en la vida familiar con sus luces y sombras, como personas de fe y de esperanza. Todo ello nos dará los nutrientes para buenas y santas vocaciones.
Es de suma importancia, que las vocaciones tengan vigilancia en cuanto a su vida interior. Que acudan a la dirección espiritual y a la confesión, como un proceso de conversión permanente. La vida espiritual es el dinamismo que el Espíritu Santo produce en la persona, dando el modo de enraizarse en Dios y procurando vivir como Dios, en el amor, la compasión y la misericordia, en una nueva manera de ser y de vivir en Cristo.
Es necesario cuidar las vocaciones. No podemos suponer que sean jóvenes y que saben cómo manejarse,- Sí y No. Necesitan se les acompañe. Necesitan que todos estemos atentos para pronunciar una palabra oportuna, un consejo, una orientación. Necesitan de la familia, ella como núcleo central para lograr el desarrollo integral y como grupo primario del ser humano, tiene un papel importante en este cuidado, ya que en ella se fragua el futuro de la iglesia, del estado y de la sociedad .Necesita de los vecinos y amigos. Este es un proceso de trabajo solidario.
El Concilio Vaticano II ha recordado explícitamente que “el deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana” (Decr. Optatam Totius,2).
“Las vocaciones tienen que ser custodiadas y cultivadas “para que den frutos maduros”. En efecto “ellas son un diamante en bruto”, que hay que trabajar con cuidado, respeto de las personas y paciencia, para que brillen en medio del pueblo de Dios” afirmó el Papa Francisco
Gregorio José Sejín Rodelo. mxy
Misionero en Panamá
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La misión del verdadero católico es evangelizar siempre no solo con palabras sino con el ejemplo y las obras. Dios es misericordioso en todo momento por lo tanto nosotros debemos hacer lo mismo .la misión y el servicio al prójimo no tienen vacaciones