¿Y dónde está la laica? (3)

En modo asamblea 3

El equipo de animación misionera nos sorprendió durante la asamblea decimotercera.  Es admirable cómo han facilitado la madurez y responsabilidad misionera de muchos laicos que se nutren de nuestra espiritualidad y misión, los laicos se saben ya parte del instituto, se han dejado contagiar de nuestro carisma, nos están dando fuerza, nos están retando.  Los laicos tienen ya sus estatutos, ya han enviado misioneros, se reúnen periódicamente, son parte de la misión.  Aquí, en el grupo de laicos, se ve trabajo y fuerza del Espíritu.  Y esto está creciendo no sólo en Colombia sino también en las otras regiones.  Con ellos, estamos a punto de una revolución copernicana en nuestro instituto. Es quizá lo mejor que nos pasa en estos momentos.  Amanecerá y  lo  veremos.

Mardari, en representación del grupo de los laicos, nos visitó durante las sesiones de Yarumal.  Decimos siempre que es la hora de los laicos y si ellos están presentes, pues quiere decir estamos puntuales.  Así que, darle la bienvenida a Mardari en Yarumal fue kairos, tiempo oportuno.  Al otro día de su llegada, siempre empezábamos con la lectio divina, muchos de los asambleístas esperábamos ver a Mardari con nosotros.  Y no se veía por ninguna parte.  – ¿Dónde está la laica?- Preguntamos, y la respuesta fue que estaba en su habitación, que ya tendría su momento en la tarde y que al otro día partiría de nuevo.  Al oír eso tuve la sensación de que se nos había vuelto a atrasar el reloj que marca la famosa hora de los laicos, tercos los segunderos y minuteros del imey para marcarla, péndulo con obstáculos para empujar el presente.

Notando la ausencia de la laica, la asamblea entró en una breve discusión que, gracias a Dios, se resolvió muy pronto.  Nos preguntábamos si tendríamos o no que invitar a Mardari  a la sala capitular y que asistiera a nuestro encuentro.   Pregunta bien rara para clérigos que dicen que llegó la hora de los laicos.  Algunos insistían en que no debería estar con nosotros, que había temas propios, que había intimidad para guardar.  Una tácita ley del arcano separándonos de la convencimiento que decimos tener sobre la dignidad y misión de los laicos.  En un impulso del Espíritu, la asamblea se decidió por invitar a Mardari, permitirle estar con nosotros, participar de nuestras discusiones, saber lo que nos mueve, lo que nos duele, lo que anhelamos como imey.  Si queremos a los laicos con nosotros hay que darles bienvenida completa y no por horas; si los queremos, hay que dejar todo vestigio de sociedad de iniciados en la que sólo algunos tienen dominio de los misterios; si los queremos, hay que renunciar a todo lo que suena a grupo esotérico.  Condiciones para que el reloj imey pueda marcar la hora de los laicos.  Si los queremos, nos tenemos que dejar ver de ellos, no sólo por fuera, sino por dentro.

En esa discusión sobre si Mardari debía entrar a la sala capitular o no, uno de los partidarios a hacerla venir de inmediato nos desafiaba diciéndonos que la pregunta correcta no era ¿dónde está la laica? sino ¿dónde están los laicos?  Si les estamos dando su lugar, reconociendo su espacio, tendríamos que tener una buena representación de ellos entre nosotros asambleístas.  Si los laicos han de participar de la misión no podemos pensar el imey para ellos, tenemos que pensar el imey con ellos.  Sólo la palabra y la opinión de los laicos nos indicará si los incluimos o no.  Ellos, recordémoslo, no son nuestros ayudantes, son evangelizadores como nosotros.

Así que esperemos que ya para la próxima asamblea comunitaria o consultiva venga no sólo Mardari sino muchos otros, que vengan y participen y que no tengan que esperar a que resolvamos nuestras dudas de inclusión.  Que la asamblea decimocuarta ya nos encuentre habituados a su presencia entre nosotros. Que ya no sea normal celebrar una asamblea sin ellos.  Que nuestras reuniones en las regiones, los retiros, la planeación y evaluación, las salidas, los cursos, sean siempre inclusivos.  No sólo compartimos el trabajo con ello, ellos son javerianos, laicos javerianos, somos de ellos, ellos son nuestros.   Sin los laicos en la barca no pasaremos a la otra orilla.  Ya no hay vuelta atrás.

Jairo Alberto, mxy

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